Dos grandes especialistas en manejo de estrés, los doctores Fred Luskin, de la Universidad de Stanford, y Kenneth Pelletier, de la Universidad de Maryland, escribieron un libro basado en más de 20 años de experiencia clínica, así como un gran proyecto de investigación llevado a cabo en la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, relacionado con lo que denominaron “La Plaga Moderna del Estrés o La Enfermedad de la Prisa”.
Es un libro realmente interesante que analiza en profundidad, cómo manejar el estrés en forma adecuada, en un mundo en que la confusión emocional es una epidemia y el tiempo es limitado.
Según estos autores, existe una serie de destrezas vitales para el manejo del estrés que pueden aprenderse en diez minutos, ponerse en práctica al instante, y obtener resultados inmediatos. El estrés forma parte de nuestras vidas.
Nadie puede evitarlo. Es la forma natural en que nos preparamos para enfrentarnos a las exigencias de la vida. Es una reacción mental física, emocional y espiritual ante los retos de la vida cotidiana.
Todo lo que hacemos genera estrés: levantarnos de prisa para ir al trabajo, preparar el desayuno, conducir un auto (aun más si tienes prisa por llegar), llegar a tiempo al aeropuerto para tomar un vuelo, las turbulencias durante el vuelo, la desesperación por llegar al punto de destino.
En fin, somos esclavos de nuestra propia prisa. El problema no radica en el estrés, sino con qué frecuencia lo experimentas, y qué habilidades has desarrollado para enfrentarlo.
Una de las actividades en las que el ser humano experimenta mayores niveles de estrés, es la política y en todo lo que de ésta se deriva: marchas, mítines, caravanas, concentraciones, propaganda gráfica, radial, escrita y televisiva, generan estrés a los políticos y a la población en general.
Para los políticos, la actividad es un proyecto siempre inconcluso, y muchas veces en lugar de reconocer cuánto hemos logrado cada día, nos concentramos en todo lo que falta por hacer.
En política nunca se siente que se ha hecho lo suficiente, y nos enfrentamos permanentemente a un flujo interminable de responsabilidades continuas.
Los políticos duermen pocas horas, se levantan temprano, evitan divertirse y hacen esperar a sus seres queridos.
Imaginemos solo un instante los niveles de estrés que habrán soportado las grandes figuras políticas de la historia: Winston Churchill, a propósito de la Segunda Guerra Mundial; John F. Kennedy, cuando tomó las riendas del país más poderoso de la Tierra en 1961; Iosif Vissarionovich Dzhugashvili, más conocido con el sobrenombre de Stalin (que significa hombre de acero), quien dirigió a su pueblo en la lucha contra Hitler hasta obtener la victoria.
A mis amigos políticos les recuerdo: la vida no es una emergencia, es una prueba, solo una prueba.
Félix Bautista es ingeniero civil
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