Los medios de comunicación han estado recordando el 65 aniversario de la liberación de los sobrevivientes de los campos de concentración nazi en Auschwitz por parte del Ejército Rojo de Rusia.
El odio racial, la intolerancia religiosa y el despotismo político se unificaron en un propósito: eliminar a miles y miles de seres humanos con sadismo y brutalidad sistematizada, llevando a cabo el genocidio más desalmado y repulsivo de la historia.
Olga Lengyel, médico de profesión, oriunda de Rumania y sobreviviente, publicó en 1947 el primer testimonio de una víctima de los campos de concentración: “Los hornos de Hitler”. Trascendente relato de una sobreviviente de los campos de exterminio de Auschwitz y de Birkenau.
Es la crónica auténtica y documentada de cinco grandes chimeneas (hornos) que arrojaban humo de carne quemada de centenares de miles de seres humanos, entre ellos sus padres, sus dos hijos y su esposo. Es una historia desgarrante, conmovedora y trágica, que nos invita a la reflexión.
Que nos plantea hasta dónde es capaz de llegar el exceso de poder, la avaricia y las ambiciones desmedidas de personajes siniestros de nuestra historia.
De 1940 a 1945, un millón 100 mil hombres, mujeres, ancianos y niños de origen judío, polaco, gitanos y prisioneros de guerra soviéticos, murieron en la cámara de gas, ahorcados, de hambre, enfermedades, experimentos médicos o fusilados. De esta cantidad, un millón eran judíos.
La Asamblea General de la ONU aprobó una resolución el 1ro. de noviembre de 2005, donde declara el 27 de enero como Día Internacional de las Víctimas del Holocausto.
En la conmemoración de este aniversario el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon; el presidente israelí, Simón Peres; el Presidente de EEUU, Barack Obama, el presidente francés, Nicolás Sarkozy; el Papa Benedicto XVI, y el Presidente Ruso, Dimitri Medvedev, condenaron enérgicamente a través de comunicados estos hechos calificados por el Sumo Pontífice como “La Crueldad Inaudita” de los campos de exterminio nazis.
Todos se comprometieron a mantener en la mente de las nuevas generaciones las lecciones del holocausto, la sanidad de la vida, la igualdad entre los hombres, la dignidad humana, la libertad y la paz. Por suerte hay sobrevivientes como Wladyslaw Bartoszewski, ex ministro polaco, de 87 años; Eva Mozes, de 75 años, residente en Indiana, EEUU, y Olga Lengyel, fallecida en el 2001, que cuentan y han escrito su propia historia. ¡Qué nunca vuelva a ocurrir!
Félix Bautista es ingeniero civil
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