Con frecuencia las conversaciones entre dos o más personas que creen cada uno tener la razón, se convierte en una batalla entre egos.
¿Por qué sucede esto? Porque en la mayoría de las ocasiones en lugar de escuchar con atención a nuestro interlocutor, lo que estamos es pensando cómo vamos a responder lo que entendemos pretende comunicarnos la (s) persona (s) con quien (es) estamos conversando.
En este proceso absurdo, se resiente la comunicación, consumimos una gran cantidad de energía, perdemos la perspectiva de la realidad, nos estresamos y al final no hay comprensión, no hay diálogo.
Debemos desarrollar la capacidad de escuchar a los demás y procurar comprender primero el mensaje que se nos quiere transmitir.
Tratar de escuchar y comprender a los demás es asumir una filosofía correcta de comunicación.
Es una práctica eficaz que no tiene nada que ver con quién tiene la razón o quién está equivocado.
Si aprendemos a escuchar, las personas se sentirán oídas y comprendidas, y la relación se torna amable y afectuosa.
Richard Carlson, destacado doctor en psicología que se ha especializado en los problemas relacionados con la frustración y la tensión emocional, lo dice de esta manera: “Escuchar de manera efectiva implica algo más que el simple acto de evitar el hábito de interrumpir a los demás.
Implica sentirse complacido con escuchar la totalidad del pensamiento de alguien, en lugar de aguardar impacientemente una oportunidad para responder.”
Lo cierto es, que en la mayoría de las ocasiones casi nadie escucha con atención a su interlocutor.
Si vas a un restaurante y miras a tu alrededor, te darás cuenta que todos parecen estar hablando al mismo tiempo, y casi nadie escucha con atención, da la impresión de que se turnan para desoírse mutuamente.
Saber escuchar te convierte en una persona más paciente y mejora la calidad de tus relaciones humanas.
Saber escuchar no implica dejar de plantear tus posiciones.
Por el contrario, si escuchas con atención y esperas pacientemente el mensaje que quiere transmitir tu interlocutor, tendrás más argumentos para convencer y persuadir a quienes entienden tener la razón. Naturalmente, no siempre tus argumentos serán aceptados por los demás.
En todo caso, hay que entender que dejar de tener razón no implica que los demás sean dueños de la verdad.
Simplemente, cada quien tiene una forma diferente de analizar un mismo problema. Recuerda, nada es perfecto, el comportamiento, el pensamiento, y las actitudes de las personas son diferentes. Tenemos que aprender a respetar las opiniones de los demás.
Es la mejor manera de asumir que hay realidades distintas. Si no aprendemos a escuchar, por lo menos intentemos ser oyentes correctos.
Félix Bautista es ingeniero civil
| < Anterior | Siguiente > |
|---|
Comentarios (1)