El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, está padeciendo de cáncer y tiene toda la esperanza y la firme convicción de que podrá superar esa situación y continuar dirigiendo ese país suramericano.
Después de haber aceptado públicamente esa grave enfermedad y de haber sido operado por médicos cubanos, Chávez ha mostrado que no va dejarse vencer tan fácilmente y que usará todo para salir airoso en esta nueva batalla que le pone la vida. Uno de los elementos que llama la atención en esta nueva realidad que rodea al comandante Chavez es su acercamiento a Dios en este momento de dificultad.
En cada declaración que ha hecho luego de la intervención quirúrgica y en el proceso de quimio, el Dios Todopoderoso ha sido parte de su soporte y le ha agradecido porque entiende que su mano sanadora fue clave para seguir con vida y mantener las fuerzas para continuar luchando.
Esa es una buena señal y ojalá que esa nueva visión de entender que Dios es la esencia de todo, siga ganando su corazón para que, independientemente de lo que pueda suceder, él logre ganar la verdadera vida eterna. En términos terrenales, creo que el comandante Chávez también ha aprendido una lección importante y es que un proceso político no puede centrar todas sus esperanzas y fuerzas en una sola persona, por más grande y preparado que puede ser ese líder.
Los cambios sociales, la conducción de una nación, las transformaciones de un modelo económico, la lucha contra la pobreza y todo lo que conlleva un proceso global de conquistas políticas, deben tener un gran soporte de liderazgo colectivo. Chávez ha sido la figura única e indiscutible de la revolución bolivariana.
Él, con su gran carisma y con su figura apabullante, emergió como el líder prácticamente insustituible. Y aunque fue capaz de unificar una gran parte de la sociedad política y formar un partido unificado, en los cálculos no estuvo la posibilidad de que una enfermedad pudiera limitar su capacidad de actuación.
Y como el año próximo hay elecciones y todo apuntaba a que nada impediría que él fuera candidato y siguiera dirigiendo Venezuela, esta enfermedad pone a todo el mundo, incluído el propio Chávez, a pensar en qué podrá pasar.
Hoy día, para el líder y sus seguidores es imperioso empezar a construir un nuevo liderazgo colectivo que pueda ayudar a Chávez si, como todos esperamos, él logra superar el cáncer. Y más aún si sucediera lo peor.
La revolución bolivariana y el proceso transformador de Venezuela debe enfrentar este nuevo reto con la visión de superar el momento, pero sobre todo de seguir preparándose para todo lo que le depara el porvenir. Con la ayuda de Dios, con un criterio amplio para avanzar y con la oración de todos, ese proceso no debe detenerse.
Euri Cabral es economista y comunicador
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