Los seres humanos vivimos tentados de manera permanente en cada una de las situaciones que vivimos. El policía es tentado a no actuar acorde a la justicia y muchas veces soborna o es sobornado para favorecer a alguien que no lo merece.
El médico es tentado a engañar al paciente para ganar un dinero que sabe muy bien que no lo hace de manera sana y justa. El funcionario público es tentado por los beneficios personales que puede obtener utilizando de manera incorrecta los recursos que la sociedad y el Estado han puesto en sus manos.
El comunicador es tentado a usar la fuerza de su opinión pública para hacer un daño sin pensar en la dignidad y el respeto de sí mismo y de los demás. En todas las profesiones, en todas las ocupaciones, los hombres y mujeres, seres humanos imperfectos y proclives al pecado, están tentados a actuar de manera no correcta y no tener en cuenta la integridad.
Pero los que hemos decidido asumir a Jesús como nuestro Señor y Salvador, tenemos que actuar de manera diferente y caminar con un alto sentido de integridad. Ser íntegros es actuar sin dobleces ni situaciones oscuras en nuestras vidas. Ser claros y transparentes en todo y por todo.
El libro de Proverbios, capítulo 10, versículo 9, dice que “el que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado”. Es decir, que quien no es íntegro está recorriendo la ruta de la perversión y sus pasos no serán firmes en la vida.
Está actuando contrario a como quiere nuestro Dios que actuemos frente a los demás, pero sobre todo frente a él, como nuestro Padre Celestial. Dios nos preparó para actuar con integridad y nos dice en el Salmo 15 versículo 2 que quien entrará a su monte santo será “el que anda en integridad y hace justicia, y habla la verdad en su corazón”.
El hombre y la mujer íntegros no hablan mentiras, no engañan ni estafan a los demás, siempre actúan apegados a los principios de justicia y de amor al prójimo. Un hombre íntegro no le es infiel a su esposa, les dedica tiempo de calidad a sus hijos y a su familia, no busca el dinero fácil, abre su corazón a Jesús y le entrega todos sus actos.
Una mujer íntegra es ayuda idónea a su esposo, respeta y ama su familia, no vive del chisme y la maledicencia, no provoca a los demás hombres con sus ropas o sus acciones, rechaza las malas compañías y se mantiene fiel a Jesús por sobre todas las cosas. Caminar en integridad es asumir las enseñanzas de Jesús en nuestra vida cotidiana entendiendo que “el que en integridad camina será salvo” (Proverbios 28:18)
Euri Cabral es comunicador y economista
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