La época de Navidad ha venido en el tiempo perdiendo su esencia para una gran parte de la población dominicana y del mundo.
Esta temporada se ha convertido en una especie de jolgorio sin sentido, de momento para sumergirse en el consumismo capitalista que lleva a derrochar todo el dinero del doble sueldo en parrandas y en compras sin criterio.
Y con eso muchos han perdido y pierden las perspectivas en torno a lo que es realmente la Navidad. Lo que se celebra en Navidad es el nacimiento de Jesús.
Y si bien es cierto que para muchos estudiosos del cristianismo no existen pruebas fidedignas que demuestren que Jesús nació un 25 de diciembre, lo cierto es que desde hace centenares de años esta época ha sido asumida por el mundo cristiano como la fecha en que vino al mundo el hijo de Dios convertido en hombre para redimirnos del pecado y garantizarnos la vida eterna.
Esa es la esencia de la Navidad: Jesús. Y por lo tanto no existe una mejor ocasión que estos momentos para reflexionar sobre lo que hizo Jesús por cada uno de nosotros, cómo fue capaz de entregar su vida y morir crucificado para pagar por los pecados que hemos cometido cada uno de nosotros.
Para conocer que Jesús nos enseñó a amar sobre todas las cosas. Que nos dejó el ejemplo de su entrega por los demás, de su profunda vocación de servicio y de espíritu de perdón para con nuestros hermanos.
Jesús es la verdadera esencia de la Navidad y sus enseñanzas y su ejemplo siguen teniendo vigencia hoy a más de dos mil años de haber nacido en un pesebre de Belén.
Jesús cambió el sentido de la historia e impactó con su evangelio los corazones de los hombres de su época y de todas las épocas hasta el día de hoy.
Una de las esencias de sus enseñanzas está contenida en el evangelio de Mateo capítulo 5 versículo 43 y 44, donde Jesús expresa: “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen y orad por los que os ultrajan y os persiguen”.
Y son esas enseñanzas que debemos recordar y aplicar en esta época y en todos los momentos de nuestra vida.
Si asumimos a Jesús como el centro de la Navidad y de nuestra vida debemos aplicar esas enseñanzas. No perdernos en la parafernalia del consumismo sino buscar en la vida y el sacrificio de Jesús la razón principal para celebrar la Navidad. Porque la verdadera Navidad es Jesús.
Euri Cabral es comunicador y economista
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