La revolución de abril de 1965 es uno de los procesos históricos de nuestra nación del cual se pueden extraer muchas enseñanzas que sirven para actuar en los tiempos modernos. Abril de 1965 es una muestra de la dignidad del pueblo dominicano que fue capaz de enfrentar con “bravura de leyenda” a miles de marines norteamericanos que vinieron a pisotear la dignidad patria.
Pero abril de 1965 tuvo de trasfondo principal el hecho de que los sectores más atrasados de la nación no permitieron que el proyecto de nación que delineó el profesor Juan Bosch en los siete meses que gobernó, se concretara para beneficio del futuro de nuestro pueblo.
El 24 de abril de 1965 es el resultado directo del 25 de septiembre de 1963, de aquel golpe de Estado absurdo y anti-histórico que derrocó el primer gobierno democrático después de la caída de la dictadura trujillista.
La Constitución de 1963, la cual servía de soporte institucional a la visión de Juan Bosch como gobernante, prefiguraba por dónde se debía caminar para poder superar el lastre y el desfase histórico de la dictadura trujillista que había retrotraído el país en todos los órdenes.
La revolución de abril de 1965 nos enseña que romper el orden institucional, violar las normas del progreso o forzar salidas para mantener situaciones políticas no permitidas por la Constitución, lo que llevan es al caos, a la anarquía y al enfrentamiento fratricida.
Y esa enseñanza de abril del 65 tiene una gran validez en el día de hoy ante la insistencia de muchos juristas, incluidos algunos protagonistas de aquel abril, de querer forzar los aprestos reeleccionistas de un presidente civilista, visionario, progresista y respetuoso de las leyes como lo es Leonel Fernandez. Es cierto que en el 2004 Leonel se reeligió, pero lo hizo porque la constitución vigente en ese momento se lo permitía debido a una reforma que propició el ex presidente Hipolito Mejía y que a final de cuentas se revirtió en su contra.
Pero ahora las cosas son muy diferentes pues ha sido el propio presidente Fernández el que ha impulsado la aprobación de una nueva constitución moderna y avanzada donde se le pone un freno claro e inmediato a los presidentes en ejercicio en sus pretensiones reeleccionistas.
Y soy de los que creen que Leonel tiene un gran sentido de la historia y sus persistentes análisis de que un tercer período ha sido peligroso para todos los presidentes latinoamericanos, es un mensaje claro para aquellos que creen que pueden forzarlo a convocar un referendo para modificar una constitución que no tendría ni un año de ser implementada. Quien conoce a fondo al líder político que es Leonel Fernández sabe muy bien que él, más que nadie, tiene presente esa enseñanza de abril de 1965 en el sentido de que no se pueden forzar las circunstancias históricas si la ruta que se ha decidido tomar es la del progreso y de la concertación.
Los intentos por acomodar la Constitución a los fines políticos particulares de algunos líderes fueron sepultados con la aprobación de esta nueva constitución, a pesar de los sueños e ilusiones de muchos que quieren seguir como si nada hubiera cambiado.
Euri Cabral es comunicador y economista
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Comentarios (4)
Los intelectuales deben entender al pueblo, en vez del pueblo entender a los intelectuales, para que las leyes ayuden a la unidad de la nación
que dios lo perdone.