Los seres humanos vivimos llenos de problemas y situaciones difíciles que enfrentamos de manera cotidiana. Vivimos llenos de tentaciones y pecados que nublan nuestros razonamientos y nos dificultan caminar seguros y calmados.
Todas esas situaciones se convierten en una especie de sombras, de tinieblas que ensombrecen la claridad que debe acompañarnos.
Cuando sentimos que ya con nuestras fuerzas no podemos seguir el camino, cuando no vemos la luz al final del túnel, cuando todo se nos oscurece y sentimos que las tinieblas se apoderan de nuestras vidas, en ese momento, justo en ese instante que muchos están viviendo ahora mismo, es cuando tenemos que asumir a Jesús como la luz más intensa que le da razón a nuestra existencia y que marca la derrota permanente de las sombras. La Biblia establece con claridad meridiana que Dios es la luz de la vida.
En 1era de Juan capítulo 1, versículo 5, dice la palabra “...Dios es Luz y no hay ninguna tinieblas en Él”.
Nada puede contra Dios, no importa la magnitud de la sombra que esté ocultando la alegría de tu vida, no importa el volumen ni la intensidad de las cosas que estén cercenando tus sueños, nada puede contra la fortaleza y la intensidad de la luz del Señor.
Dios nos da la luz para seguirle y poder derrotar las sombras y las tinieblas. Y para que podamos encontrarle y seguirle fue capaz de entregar a su hijo Jesús por nosotros, para limpiarnos de nuestros pecados y abrirnos el camino de alcanzar la luz eterna de su misericordia y amor sin límites.
Quienes andan con el Señor, quienes no sólo creen en Él sino que le creen a Él, quienes buscan de su protección y amor, ellos estarán en la luz por siempre.
Pero para asumir la luz de Jesús lo primero que debemos hacer es reconocer que andamos en tinieblas, debemos abrir nuestro corazón y aceptar que necesitamos la presencia de Dios en nosotros.
En el versículo 6, de 1era de Juan, capítulo 1, se establece que “si andamos en luz, como él está en la luz, tenemos comunión uno con otros y la sangre de Jesucristo, su hijo, nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros”.
Para encontrar la luz del Señor debemos entonces dejar de creer que con los pequeños focos que tenemos podemos alumbrar nuestras vidas. Jesús murió en la cruz para que cada uno de nosotros pudiera encontrar la luz eterna de su ejemplo, la grandeza de su salvación y la vida eterna.
Para que cada uno de nosotros pudiera caminar sin temor a la oscuridad, sin temor a las sombras ni a las tinieblas.
A los que abrimos nuestros corazones y encontramos la luz de Jesús, la vida se nos torna diferente, sabemos reír a pesar de las tristezas, sabemos amar a pesar de los odios, sabemos crecer a pesar de los obstáculos, sabemos tener paz a pesar de las tormentas, sabemos perdonar sin importar la magnitud de las heridas.
Sin importar lo que este pasando en tu vida te exhorto a encender en tu corazón la luz de Jesús para que Él “perdone tus pecados y te limpie de toda maldad”.
Euri Cabral es comunicador y economista
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