Después de un largo, agotador y fecundo proceso de discusión y concertación entre las fuerzas políticas y los sectores sociales de la sociedad dominicana, el congreso nacional proclamó el pasado martes 26 de enero la nueva constitución dominicana.
Esta ley suprema debió ser mucho más moderna, progresista y visionaria, pero los intereses de las fuerzas políticas y la presión de los llamados poderes fácticos se convirtieron en obstáculos importantes que limitaron de alguna manera muchos elementos trascendentes que formaron parte de las primeras propuestas.
Sin embargo, el producto logrado como nueva carta magna es, sin lugar a dudas, mucho mejor que la que estuvo vigente desde 1966 hasta el pasado martes, caracterizada por su espíritu conservador y autoritario, plagada de errores y contradicciones y expresión de un momento histórico ya superado.
La nueva Constitución no es la ideal a la que todos aspiramos, pero es la posible dentro de las grandes limitaciones de la realidad política del momento.
Es el resultado de un proceso de discusión y concertación del país político propio de un sistema democrático que cada día se perfecciona.
Son muchos los aspectos positivos a destacar dentro de esta nueva ley de leyes que ha refrendado el congreso y entre ellos uno de los que mayor trascendencia presenta en la eliminación de la reelección consecutiva de un presidente.
A partir de esta nueva constitución, y esperamos que ya por mucho tiempo, un presidente en ejercicio no podrá hacer uso y abuso de la fuerza y el poder que le da ese cargo para intentar repostularse. Esta es, sin lugar a dudas, una gran conquista que redundará en beneficio del fortalecimiento democrático y en la formación y consolidación de nuevos liderazgos políticos en el país.
La nueva Constitución ha sido denominada por el presidente Fernández con justa razón como “la Constitución del siglo XXI”, ya que la misma recoge en su esencia los principales adelantos políticos que hemos logrado como nación en las últimas décadas.
En ella se destacan elementos de mucha importancia para el crecimiento y fortalecimiento institucional como son el Hábeas Data y Hábeas Corpus ya con rango constitucional, la limitación de los poderes del presidente, la creación del Tribunal de Garantías Constitucionales y del Consejo Superior de la Justicia, las normativas para la política monetaria y para la ejecución presupuestaria, la creación del Tribunal Superior Electoral, la posibilidad de que el Estado pueda ser sujeto de demanda, los derechos sociales, económicos y ecológicos de la población, la aprobación de las diputaciones nacionales y de la representación de la comunidad dominicana del exterior en el Congreso, el derecho constitucional de los pastores evangélicos y de otros líderes no católicos a ejercer el matrimonio, entre muchos otros aspectos relevantes.
A pesar de todas estas importantes conquistas el gran reto de esta nueva constitución está en que la población dominicana la conozca a fondo y pueda hacer de ella un instrumento efectivo y permanente del ejercicio de una ciudadanía responsable.
El Estado dominicano y las fuerzas políticas y sociales de la nación tienen la responsabilidad de ser los principales propulsores de esta nueva carta magna para que la misma no se quede simplemente en un grupo de articulados muertos, sino que sea un mecanismo vivo que ayude a crear una mejor nación cada día.
Euri Cabral es comunicador y economista
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