En el día de hoy cumplo 22 años de matrimonio con Zinayda Rodríguez, la mujer más hermosa y una de las más valiosas que existe en la faz tierra.
Estos 22 años han sido un discurrir de muchas cosas buenas, de muchas alegrías, de muchos sueños compartidos y realizados.
Pero también de muchas dificultades, sinsabores y situaciones difíciles, las cuales hemos sabido solucionar por la firme decisión de asumir el amor como la opción de nuestras vidas y, sobretodo, porque en los últimos años hemos decidido entregar a Dios el curso de nuestra relación y todas las situaciones que se nos presentan.
Para los hombres en general mantener estable y alegre un matrimonio es una verdadera proeza debido no sólo a las constantes provocaciones que existen sino a los múltiples problemas internos que se dan en una relación hombre-mujer.
Desde antes de ser cristianos, Zinayda y yo establecimos una serie de reglas que nos han servido para que nuestra relación no se marchite sino que siga creciendo de manera permanente y haciéndose nueva cada día.
La primera de esas reglas es el respeto de uno por el otro. Las personas que nos conocen es muy difícil que nos hayan visto discutiendo de manera pública o que uno de los dos le hablé mal al otro delante de terceros.
El respeto de cada uno al otro es un elemento fundamental para que una pareja pueda crecer en sanidad y eso a nosotros nos ha dado mucho resultado.
La segunda regla es que cuando uno está incómodo el otro tiene que ceder, aunque tenga la razón, y debe gestionar la armonía.
Esto significa que si uno de los dos se siente mal por algo, el otro está en la obligación de buscarle el lado, de sacarle una sonrisa, de humillarse para que las cosas se suavicen.
Si en una pareja cuando uno está incómodo el otro también se incomoda, entonces se produce una guerra donde los dos salen como víctimas.
La tercera regla es la comunicación para que nunca un problema o una situación de inconformidad queda pendiente de un día para otro.
Los problemas y las situaciones difíciles deben enfrentarse con amor pero de manera sincera y a tiempo. Nosotros nunca permitimos que un problema del día llegue a la habitación en la noche sin antes ser solucionado.
Pero lo que ha sido de mayor significación para la consolidación de nuestro matrimonio ha sido la presencia de Dios en nuestras vidas, la comprensión de que nosotros solos no podemos llevar el matrimonio por camino seguro sino lo entregamos al Supremo Hacedor del Universo.
Cuando asumimos a Jesús como nuestro Señor y Salvador le entregamos también todas las áreas de nuestras vidas para que él nos ayudara a llevarla.
Y decidimos asumir todas sus enseñanzas y aplicarlas en todos los espacios de nuestras vidas cotidianas.
Todos los días al levantarnos le entregamos a Jesús nuestro matrimonio, le pedimos que nos guíe y nos oriente sobre cómo actuar en cada situación y que nos permita siempre poder enfrentar con amor cualquier situación que se presente.
Hoy, a 22 años de esta luna de miel eterna, le agradezco a mi padre celestial que me haya permitido encontrar a Zinayda, el amor convertido en mujer, y hacerla mi esposa.
Euri Cabral es comunicador y economista
eurizina%hotmail.com
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