El PLD de los tiempos de la guerra fría no es el PLD de hoy día.
Aquella era una organización cuasi leninista, con estructuras rígidas, con criterios ideológicos y políticos claramente definidos, con un líder avasallador y un funcionamiento casi militar.
El PLD de hoy día es una organización ajustada a los tiempos modernos, con un funcionamiento democrático propio de los partidos del sistema, con apertura para todo el mundo, sin muchos criterios ideologicistas, con una dirección colegiada que ha sabido mantener respeto a la disciplina.
Cuando esa organización era un partido de cuadros, los problemas internos se resolvían por la vías rígidas del centralismo democrático y de los métodos de trabajo partidario que muchas veces se asemejaban a una logia o un cuartel militar.
Pero esa forma de actuar fue la que garantizó que esa entidad política pudiera crear una mística y una fisonomía propia para que todo el que militase en sus filas entendiera que primero estaban los intereses del colectivo partidario que los intereses individuales de los miembros de la llamada pequeña burguesía en todas sus ramificaciones.
El profesor Juan Bosch fue muy firme en hacerle entender a todos los peledeístas que la disciplina era una norma que nadie podía obviar y que la violación de la misma conllevaba una pena ejemplar.
La nueva dirección colegiada del PLD encabezada por el presidente Fernández y Danilo Medina le ha abierto las puertas a la masificación debido a que en los tiempos modernos se necesita una maquinaria electoral más que una logia ideológica.
Con esa masificación han llegado muchas cosas positivas pero también muchas negativas, las cuales han afectado en ocasiones la propia identidad histórica del PLD y sus criterios morales y políticos.
Pero no había otra salida si ese partido quería ganar el poder y mantenerse en el mismo.
En los momentos actuales esa nueva realidad de la masificación ha tomado cuerpo por el proceso electoral que lleva a cabo ese partido.
Las situaciones vividas en sectores como la provincia Peravia, Baoruco, San Juan de la Maguana y otras localidades, muestran que muchos peledeístas de hoy día no han sabido entender el signo de los tiempos y se han dejado llevar por la presión de su realidad cotidiana, afectando de esa manera el nivel estratégico del PLD como mecanismo para lograr un buen gobierno y la consecución de una sociedad más justa y equitativa.
Ante esa realidad, la dirección de ese partido debe dar pasos firmes para evitar que esas excepciones se conviertan en la norma.
El Comité Político del PLD debe seguir actuando con respeto a todos los aspirantes, pero debe imponer sanciones a quienes han actuado contrario a las líneas históricas de ese partido y a quienes quieren imponer por la fuerza y el chantaje la solución a situaciones personales.
Mantener la imagen y la actuación de un partido disciplinado, que respeta la disidencia, pero que no acepta el irrespeto de las normas partidarias, es el gran reto que tiene hoy día la dirección del PLD para seguir manteniendo vivas las esperanzas de la población en ese partido de cara al 2010 y al 2012.
Euri Cabral es comunicador y economista
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