A mediados del presente año afirmé que la crisis económica mundial había tocado fondo y que de ese momento en adelante lo lógico desde el punto de vista económico era que se experimentara una leve mejoría tanto de la economía norteamericana como de la propia economía mundial.
Algunos economistas y opositores políticos criticaron esa postura expresando que la magnitud de la crisis que vivió el mundo implicaba que su recuperación conllevaría un largo tiempo.
Mis aseveraciones estaban basadas en el hecho de que el plan de incentivo económico impulsado por el gobierno de los Estados Unidos, en especial después del ascenso al poder del presidente Barack Obama, implicaba una suma de aproximadamente tres billones de dólares y resulta imposible que una inyección de esa magnitud no provoque una revitalización de cualquier economía del mundo.
A esto se agrega el hecho de que las medidas de política económica impulsadas por el equipo gobernante de Obama iban de manera directa a enfrentar dos renglones vitales en una primera etapa: el consumo y la debacle bancaria.
Con esto se buscaba frenar la caída de los principales parámetros económicos, estimular el consumo, frenar las quiebras de grandes empresas de los diversos sectores y lograr que se detuviera la recesión en que había caído la principal economía del mundo después de tres trimestres consecutivos decreciendo.
La estrategia del presidente Obama le dio excelentes resultados, pues de acuerdo a las informaciones de la Reserva Federal (el Banco Central de los Estados Unidos), en el tercer trimestre del presente año el Producto Bruto Interno experimentó un crecimiento de 3.5%. Algo realmente extraordinario y que muestra de manera clara buenos indicadores en torno al inicio de la superación de la crisis.
Si tomamos en consideración que la economía norteamericana en los dos primeros semestres había decrecido en un -6.7%, el crecimiento en este trimestre podría significar que, de darse un comportamiento igual en el último trimestre del año, la economía norteamericana podría terminar con un leve crecimiento positivo.
En esta especie de milagro hubo dos factores que jugaron un papel fundamental. El primero fue lograr que el consumo en sí se incrementara a 3.4%, la más alta tasa desde el primer trimestre del 2007.
El otro elemento que ayudó este crecimiento fue el hecho de que en el área de la inversión residencial, la más afectada por el desplome económico, la tasa creció en 23.4%, siendo un soporte básico para el crecimiento del PBI, si tomamos en consideración que había decaído un 23.3% en el anterior trimestre.
Esta leve revitalización de la economía norteamericana es una buena señal para la economía dominicana, pues esa nación es el principal socio comercial nuestro.
Con justa razón dicen los economistas que si a la economía norteamericana le da un resfrío a la dominicana le da gripe. Pero como ahora hablamos de crecimiento entonces nos esperan cosas mejores.
Euri Cabral es comunicador y economista
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