En una situación económica como la que vive nuestra nación, afectada por los efectos de una crisis mundial histórica y con una desaceleración en el crecimiento, resulta necesario que el Gobierno maneje con sumo cuidado los pasos a dar para enfrentar los efectos mediatos e inmediatos de esa realidad.
Uno de esos efectos es la caída abrupta de los ingresos fiscales estimados para el presente año.
De acuerdo a informaciones de las autoridades económicas la caída por ese concepto supera los 15 mil millones de pesos hasta el momento actual y a pesar de los grandes esfuerzos del gobierno de evitar la evasión y de buscar nuevos nichos de contribuyentes, la merma de ingresos fiscales se prevé como uno de los grandes retos de las autoridades.
Para enfrentar esta situación el gobierno pensó en un primer momento en hacer una emisión de mil millones de bonos soberanos, esto es conseguir un préstamo en la banca privada mundial siendo el Estado dominicano el garante de ese empréstito.
Esto no le fue posible debido a que fruto de la realidad económica que se vive, dichos bonos tendrían que concertarse a una tasa de interés de un 12% anual, lo cual es sumamente elevada pues significa que tendríamos que pagar unos 120 millones de dólares anuales solamente de intereses.
Si tomamos en consideración que el PLD criticó duramente el gobierno anterior del PRD por tomar mil millones de dólares en bonos a una tasa de 9%, entonces no se corresponde asumir esa decisión ante esta realidad.
Frente a esta situación de no poder colocar los bonos es que el Gobierno decide entonces recurrir a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), como una manera de accesar a recursos internacionales en mejores condiciones y al mismo tiempo poder consolidar una mejor imagen del riesgo-país en los mercados financieros internacionales.
El FMI no es necesariamente la panacea que resolverá nuestros problemas económicos.
Todos sabemos que el interés principal de este mecanismo financiero internacional, que muchos llaman la policía económica del mundo, no es otro que garantizar estabilidad en las economías donde interviene para que los pagos de la deuda externa de los países no sufran ningún atraso o problema.
Pero en los actuales momentos el FMI se convierte en una especie de mal necesario debido a que su presencia en la economía dominicana permite tener una serie de regulaciones en la ejecución de los recursos que aporta, lo cual no era posible si se conseguían los bonos soberanos.
Y como los sectores empresariales dominicanos y los sectores de oposición habían estado solicitando un acuerdo con el FMI, su concreción produce una especie de marco de confianza en el Gobierno y una vía más expedita para que se consiga el control de los gastos corrientes del gobierno, una demanda permanente de los empresarios y de la sociedad en general, que tiene mayor pertinencia de cara a un proceso electoral muy importante para el partido que detenta el poder.
La suerte está echada y el reto del Gobierno está en camino.
Euri Cabral es comunicador y economista
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