Para nadie es un secreto que a nivel vial sufrimos de un mal producto del crecimiento exponencial de nuestro parque vehicular el cual funciona dentro de las mismas estructuras físicas y bajo el mismo esquema operativo de hace cuarenta años.
En la actualidad se intenta solucionar este mal con la construcción de nuevos kilómetros de vía lo cual permite incrementar la cantidad de vehículos en la ciudad, sin embargo los problemas solucionados para intersecciones especificas son desplazados a otros puntos de la ciudad creando un fenómeno el cual denominamos “embudos urbanos”.
El embudo urbano no es más que un espacio-vial ubicado en la ciudad por el cual “intentan” movilizarse en un tiempo especifico una cantidad de unidades vehiculares mayor a lo establecido. Esto puede producirse por varias situaciones.
La más frecuente en estos tiempos se presenta ante la reducción de carriles fruto de las construcciones de nuevas infraestructuras al interior del casco urbano. En teoría “hoy son tapones y mañana soluciones”; si solo pensamos en las intersecciones donde se desarrollan las obras, pero lamentablemente no es posible asegurar esto al movilizarnos por la ciudad.
Podemos encontrar embudos, cuando un chofer de “concho” decide estacionarse en el medio de la vía para recoger un pasajero a plena luz del día.
O el embudo se puede formarse cuando un vendedor ambulante ofrece sus productos por la calle y un conductor decide estacionarse donde mejor le parezca para comprar un periódico, una tarjeta o quizás una botellita de agua.
Cuando un vehículo sufre un desperfecto obstruyendo uno de los carriles rápidos de cualquier elevado, se produce un embudo urbano provocando entaponamientos.
De igual manera un agente del tránsito desenfocado puede provocar un embudo en la vía, si en lugar de cumplir su misión está intentando descubrir el agua tibia en pleno siglo XXI.
Y hasta la imprudencia de un motorista, un transeúnte o un conductor de un vehículo pesado genera un accidente de consecuencias fatales para los protagonistas y al mismo tiempo un embudo para los que transitan por este emplazamiento.
De esta y otras maneras los ciudadanos podemos incidir en el aumento de los entaponamientos, ya que dentro de esta fragilidad del sistema vial urbano, el más mínimo incidente contribuye en la creación y proliferación de los “embudos urbanos” los cuales incrementan los niveles de contaminación, deteriora la calidad de vida de los ciudadanos, encarece la economía de la nación y genera pérdida de tiempo.
Erick Dorrejo es arquitecto
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