Las disposiciones engendradas desde el seno estatal deben ser estudiadas minuciosamente, de manera que se puedan definir todas sus implicaciones y así consolidar las decisiones con un carácter de seguridad que acompañe la posición final que exponga el gobierno, de manera que la misma favorezca a la mayor cantidad de la población.
En el momento en que nuestra nación adoptó el modelo americano tradicional de planificación urbana se condenó a sufrir las carencias, necesidades y vicisitudes a las cuales se ven expuestas las naciones desarrolladas o del primer mundo, ya que el modelo de crecimiento que ha imperado desde la década de los sesenta hasta la fecha ha estado orientado a la creación de ciudades en las que el uso del automóvil es imprescindible para el desenvolvimiento normal de las actividades que se realizan. Al mismo tiempo que se fomenta un crecimiento orientado al vehículo, las inversiones de mayor prioridad para los gobiernos son aquellas que aumentan o eficientizan la circulación motora por la ciudad, dejando a un lado las inversiones destinadas a producir vida pública en la que el peatón se convierte en el protagonista.
Es así como hoy en día las principales ciudades son altamente dependientes de los derivados del petróleo; los cambios en el precio que experimenta el mercado internacional sacuden todos los estamentos de nuestro país. En estos momentos estamos cosechando las consecuencias de un modelo de planificación urbana inconsciente de las necesidades que pudieran evidenciarse a largo plazo, dejando al sistema de la improvisación, de la marginalidad y la desorganización el presente y el futuro de nuestros territorios urbanos.
Entonces se inicia el discurso tremendista y poco fundamentado en el que se piensa que con decisiones apresuradas, sacadas de debajo de la manga se pondrán solucionar problemáticas que vienen agregándose desde mucho tiempo atrás debido a la escasa sensibilidad de los tomadores de decisiones en función de la definición de lo que es prioritario para un sociedad.
Y nos encontramos con un barril de petróleo en continuo aumento, vislumbrando como única esperanza la actual política de endeudamiento, de manera que se pueda apalear una condición que agravará a cada momento con consecuencias devastadoras para las sociedades que no se planifiquen con anterioridad para afrontar estas situaciones.
La sociedad debe exigir medidas que contribuyan a una planificación urbana sostenible con la finalidad de que se eliminen los discursos acompañados de medidas a la carrera las cuales incrementan la crisis en la sociedad en lugar de solucionarlas definitivamente.
Erick Dorrejo es arquitecto
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