Al conmemorar el Día del Medio Ambiente, la ocasión es oportuna para reflexionar sobre la ciudad y su futuro dentro del territorio en el que se encuentra.
El pasado siglo XX ha sido testigo del aumento a escala mundial de la población urbana, según el International Institute For Environment and Development, radicado en Londres, la población urbana aumento desde 220 millones de habitantes en 1900 hasta 2,840 millones de habitantes en el año 2000, esperando un crecimiento similar en números absolutos en solo cuatro decenios.
Dentro del grupo de países pobres, Latinoamérica es y seguirá siendo en términos relativos el territorio más urbanizado del denominado tercer mundo, las proyecciones indican que entre el año 2000 y el 2030 la población urbana de América Latina y el Caribe aumentará desde 394 millones hasta 609 millones; casi duplicando la cantidad de ciudadanos en apenas treinta años.
Nuestro país no escapa a esta realidad, desde el año 1920 hasta el año 2002 la población urbana ha pasado de un 16.60% a un 63.61% de la población nacional; con la estimación de que para el año próximo se aproxime al setenta por ciento de la población nacional; este modelo implica la concentración de una gran parte de la población en pequeñas superficies de terreno, aumentando la capacidad de carga del territorio en detrimento del medio ambiente.
En la actualidad estos núcleos urbanos evidencian un modelo disperso de apropiación del territorio, demandando nuevos servicios; lamentablemente esta necesidad requiere el aumento de nuevas infraestructuras y las mismas no están desarrollándose junto a las compensaciones ambientales necesarias, dejando a un lado la creación, preservación y conservación de espacios que rescaten la calidad ambiental de la ciudad; garantizando a la población de lugares para el recreo, el ocio y el sano esparcimiento.
Este proceso de urbanización requiere la transformación de los territorios ocupados bajo un esquema que garantice los niveles de habitabilidad sostenida, estas mejoras deben sustentarse en una planificación urbana-territorial acorde a los modelos económicos, sociales, culturales y ambientales de cada emplazamiento.
Este escenario certifica la necesidad de políticas orientadas al binomio ciudad-medio ambiente; que permitan sentar en la mesa del diálogo tanto a los desarrollistas como a los conservacionistas para el diseño de una metodología con carácter de ley que estructure el análisis, la evaluación y el diagnostico; como antesala a la construcción definitiva de la ciudad y de los proyectos necesarios por sus habitantes.
Erick Dorrejo es arquitecto
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