A pocos días de que asistamos a las urnas para ejercer nuestro derecho al voto, se manifiesta una serie de candidatos y candidatas que buscan “subirse en el palo”, para durante seis años desarrollar acciones a favor de sus comunidades y del país.
En los últimos meses hemos escuchado pocas propuestas encaminadas a mejorar alguno de los sistemas que componen el caos urbano que impera en las principales ciudades y pueblos de la geografía nacional.
Sistemas en los que prima la anarquía y la desorganización, ubicados en un emplazamiento utilizado a diario por la gran mayoría de los dominicanos; los cuales inician cada mañana una aventura que se transforma en pesadilla sangrando los recursos, las fuerzas y las energías de los hombres y mujeres de bien que habitan en este país.
Una de las leyes más importantes con carácter citadino que impactaría en la salud física y emocional de sus residentes, es la ley del peatón.
La misma se convertiría en el primer esfuerzo técnico-legal del siglo 21 encaminado a proteger la mayoría de la población que se desplaza por los pueblos y ciudades a pie; este esfuerzo redundaría en un beneficio para el resto de la población que utiliza los medios motorizados privados para movilizarse, ya que pondría las reglas claras en la ciudad a fin de preservar la integridad del 100% de los dominicanos que en un momento u otro utilizan el espacio público.
El congresista que adopte la ley del peatón, hasta convertirla en parte de su legado; estaría entregando a la sociedad dominicana un instrumento completo con incidencia local y alcance nacional; un instrumento inclusivo el cual determina los deberes y derechos de los ciudadanos de a pie, los conductores, el estado, los empresarios, las asociaciones y todos aquellos actores que de una manera u otra participa en el escenario urbano cotidiano.
La sociedad debe exigir a los aspirantes a cargos congresuales que incluyan en su portafolio de propuestas, algunos elementos que produzcan dividendos positivos inmediatos, tal y como se visualiza en la ley del peatón.
Al obtener este dispositivo legal estaríamos protegiendo una gran cantidad de ciudadanos que a diario salen a las calles, contribuyendo al progreso de la nación. Una protección que abarcaría aquellos que caminan y aquellos que conducen, ya que todos utilizamos un espacio público el cual se degrada por la carencia de normativas que regulen su uso y proyectos que fomenten la cohesión de todos los dominicanos.
Erick Dorrejo es arquitecto
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