El proceso de construcción y consolidación de una ciudad debe sustentarse en la definición de un modelo urbano que priorice las demandas de la población basado en conceptos primarios utilizados por las principales urbes a nivel mundial.
Nuestra condición de nación isleña nos separa del resto de las naciones, limitando así el conocimiento de las acciones implementadas por los gobiernos locales con más éxito en todo el globo terráqueo. Sin embargo, es preciso que las buenas prácticas desarrolladas en otras ciudades sirvan de parámetro para diseñar un plan que defina la ciudad que todos queremos.
Este plan no puede ser una copia fiel del éxito de otra ciudad, más bien debe tener referencias de las mejores intervenciones urbanas con la finalidad de que las mismas sean adaptadas a la realidad de nuestras ciudades.
Cuando observamos el modelo norteamericano de intervención urbana, podemos distinguir la preeminencia del uso del automóvil, es evidente como las ciudades requieren de grandes infraestructuras viales, además de que todos los proyectos requieren de grandes extensiones en terreno dedicados a estacionamientos los cuales transforman el lugar condicionando la participación del peatón. Sin embargo, a pesar de este modelo discriminatorio, las ciudades americanas destinan una importante área a los espacios verdes, combinando lugares de ocio y recreación con grandes extensiones de vegetación en el interior de la ciudad.
La zona metropolitana de Manhattan ubicada en el estado de New York es un vivo ejemplo de este modelo urbano, este territorio urbano posee un área de 59.47 km2., el mismo tiene más de un millón seiscientos mil habitantes, con una densidad de (27,267 habs/Km2). A esta población se le añade una población flotante que entra a la isla incrementando el número de personas que se movilizan por la misma.
Ante esta realidad sus calles son copadas por un gran número de vehículos, a pesar del excelente servicio de transporte público que tiene la ciudad; sin embargo, podemos observar a lo largo de toda la ciudad un sistema de parques, plazas y áreas verdes que elevan la calidad de vida de los habitantes que circulan a diario por la gran manzana.
El verde prevalece dentro de esta selva de concreto y acero, ofertando espacios para la recreación y la práctica de deportes; limpiando los aires ante la contaminación fruto de la congestión vehicular. Esta realidad no existe en base a la improvisación sino a la planificación de departamentos encargados de abordar esta temática produciendo resultados fehacientes para cada ciudadano.
Erick Dorrejo es arquitecto
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