La trilogía de artículos escritos sobre el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte llega hoy a su fin con unos pensamientos, a fin de crear una nueva visión, que permita a sus instalaciones recobrar el esplendor de años atrás, devolviendo a la ciudadanía un lugar necesario para la cohesión.
Uno de los aspectos más importantes es transformar la visión con la cual estamos observando el Centro Olímpico; este importante emplazamiento no es un espacio residual de la ciudad, ni tampoco es una máquina de terrenos para construir lo que se nos antoje.
Debemos visualizar este lugar como un gran parque metropolitano que integre en su interior actividades acorde al criterio de parque; un lugar donde el “verde” predomine en todo el territorio, esto permitirá que el nuevo parque asuma el concepto de “pulmón urbano” provocando el descenso de las temperaturas en el centro de la ciudad, las cuales se incrementan debido a la contaminación existente en toda el área metropolitana.
Para garantizar el éxito de este nuevo parque se requiere de una institución que pueda diseñar un proyecto programático a fin de dar seguimiento a las actividades, limpieza y uso de sus infraestructuras; una entidad que pueda preservar sus áreas para las presentes y futuras generaciones, para desarrollar planes acorde a las necesidades de la población residente en el Distrito Nacional y los visitantes de otras latitudes.
Al transformar la visión del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte podremos obtener resultados positivos para el entorno directo al parque; en primer lugar modificando sus aceras, no reduciéndolas sino convirtiendo gran parte de su encementado camino en áreas verdes, tupidas de vegetación, con espacios adecuados para el descanso de los transeúntes.
En segundo lugar esto debe contribuir a reformular los planes viales que se están desarrollando en toda su periferia; eliminando las infraestructuras aéreas que incrementan la contaminación directa para un área impregnada de belleza natural.
Finalmente este nuevo parque se convertirá en un imán para la población que reside, trabaja o estudia en los alrededores del mismo, al proporcionar en sus instalaciones actividades deportivas, de ocio, de diversión, para el sano esparcimiento; apoyado en un sistema de pequeños comercios como atractivo adicional a la oferta del parque.
No pensemos que todo está perdido, aun existe la oportunidad de rescatar el Olímpico; no cometamos el error de rendirnos a su revitalización, para que no le suceda como a otros espacios emblemáticos, los cuales han terminado destruidos.
Erick Dorrejo es arquitecto
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