El tiempo ha sido testigo de la devastación por la que han sido sometidas las principales ciudades a nivel nacional, a través de la reducción de espacios verdes; destruyendo la calidad ambiental de los centros urbanos donde se desarrolla dicha práctica.
Un gran pesar nos rodea al observar con relativa frecuencia una serie de agresiones al medio ambiente urbano, destruyendo de forma silenciosa lugares, espacios y emplazamientos cuyo objetivo principal es proporcionar vida a la urbe en que nos encontramos.
La improvisación, la deforestación urbana, la reducción de aceras y la fragmentación de lugares emblemáticos son algunos de los criterios que han primado en la transformación urbana.
Es así como hoy en día el porcentaje de espacios verdes entre la cantidad de habitantes en las principales ciudades dominicanas es mucho menor que los parámetros utilizados.
Nuestro país no puede abstraerse de la realidad mundial, con el fenómeno de crecimiento urbano por el cual atraviesan las naciones; entendemos que este aumento vertiginoso de la densidad poblacional requiere de una mejora sustancial en las infraestructuras ofertadas para así suplir la demanda.
Sin embargo, el problema de las principales ciudades dominicanas es que no se realizan las compensaciones ecológicas necesarias ante la construcción de nuevas infraestructuras y por ende la ciudad se encuentra necesitada de espacios para la recreación, el ocio y el esparcimiento, dentro de un clima de seguridad y concienciación ambiental.
A través de estas líneas levanto un clamor por el emblemático Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, el cual después de casi cincuenta años de haber sido inaugurado, atraviesa por uno de sus peores momentos en la historia. Su concepto original está siendo agredido por la invasión de sus áreas y no se visualiza un cambio en esta situación.
El espacio verde con infraestructuras deportivas más importante del país desaparece ante la mirada indiferente de un pueblo que ha disfrutado de sus espacios, sus instalaciones y su entorno, ya sea para realizar una actividad recreativa, deportiva o simplemente para pasar un buen rato, asistir a un concierto o presenciar alguna actividad de importancia.
A la espera de que esta voz sensibilice la acción de otras voces y entidades autorizadas en la construcción de una ciudad posible, fijo la mirada ante el Olímpico anhelando que sus espacios preserven su esencia, esperando el saneamiento de cada rincón y aguardando el momento en que se detenga la reducción de sus aceras y espacios verdes.
Erick Dorrejo es arquitecto
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