Días atrás el arquitecto Rafael Tomás Hernández conversaba con un grupo de personas, sobre su experiencia al momento de asumir el reto de transformar las instalaciones del antiguo aeropuerto General Andrews en lo que hoy se conoce como el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte.
A la solicitud del doctor Joaquín Balaguer, presidente en ese entonces, de construir un parque en los terrenos liberados, el arquitecto Hernández comentó: “Hasta este momento el parque más grande que conozco es el Parque Independencia, ¿no sería una superficie muy grande para dicha intervención?”.
Ante esta respuesta, el arquitecto Hernández realizó un viaje por algunas ciudades fuera del país, para así conocer algunos ejemplos de parques urbanos con grandes dimensiones entre los que se encontraba el Central Park de Nueva York.
Años después el arquitecto recibió el encargo de construir las instalaciones utilizadas en los XII Juegos Centroamericanos y del Caribe (1974), dentro de los terrenos destinados para dicho parque. De forma magistral se conjugó a la perfección el uso deportivo con el sistema verde que necesitaba la ciudad.
Esto dio origen a una de las intervenciones urbanas más importantes de la República Dominicana, al construir el pulmón urbano más espacioso de la época e integrar el mismo a los sistemas viales planificados para la capital dominicana.
La visión de futuro acompañó la formulación, concepción y desarrollo de esta intervención urbana, ya que la construcción de un parque de 500,000 m2, dentro de una ciudad de alrededor de 700,000 habitantes se convierte en un acierto, al colocar esta área de recreación dentro de una metrópolis en camino a la expansión territorial y física.
La conceptualización de esta importante obra ha servido para que hoy en día podamos contar con un sistema vial, cuyos ejes troncales (en sentido este-oeste) continúan siendo la avenida 27 de Febrero y la avenida John F. Kennedy, a pesar de que las mismas se empalmaron en la década de los sesenta.
Además la reserva de los terrenos próximos a estas avenidas permitió realizar las compensaciones ecológicas con el fin de preservar el desarrollo sostenido de la capital dominicana, garantizando la calidad de vida de las generaciones de la época y de las que le precedieron.
La importancia de destacar estas acciones nos libera de cometer graves errores al momento de intervenir la ciudad consolidada y producir mejores emplazamientos que satisfagan las expectativas de una población con demandas y necesidades constantes.
Erick Dorrejo es arquitecto
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