El territorio ubicado al sur de la República Dominicana, localizado desde la zona fronteriza próxima a la ciudad de Jimaní hasta el centro económico, político y financiero de la nación emplazado en el Distrito Nacional se encuentra sometido a presiones directas fruto de la inestabilidad imperante en la hermana nación haitiana.
El terremoto acaecido semanas atrás comienza a producir un impacto continuo a través del corredor transnacional que une Puerto Príncipe con la capital dominicana.
Este camino o conducto umbilical alimenta la nación haitiana proporcionando alimentos, personal especializado, voluntarios y otros insumos a través de una vía directa que recorre el sur profundo conectando a Santo Domingo con ayudas provenientes de diversas partes del país y de otras naciones del mundo.
El surgimiento de esta vía da lugar a la aparición de una serie de ingredientes que impactan tanto directa como indirectamente estos territorios y por consecuencia a toda la nación.
De manera que tanto los aspectos positivos como negativos se transfieren a través de este canal, por lo tanto es necesario identificarlos con el objetivo de diseñar una estrategia efectiva que enfrente los problemas y las necesidades.
Cuestiones como el control de la frontera para enfrentar el tema migratorio y con ello el contrabando de mercancías, el tráfico de drogas, la proliferación de enfermedades y la soberanía nacional son algunos de los elementos que han impactado nuestra realidad isleña, magnificándose en este momento debido a que estas realidades se combinan con la debilidad física, social, territorial y económica que impera en las ciudades y comunidades pertenecientes al corredor transnacional; esto compromete la nación a planificar el escenario territorial a fin de blindar la región en cuestión y así garantizar la normalidad en sus actividades cotidianas.
Estos planes deben insertar una visión estratégica que re-oriente el sur del país por otros caminos; sendas de desarrollo y prosperidad, ya que históricamente esta zona ha sido olvidada y con ellos ha desaparecido la atención de seres humanos que también son parte de esta tierra que todos llamamos Quisqueya.
El momento es oportuno y el mismo certifica la necesidad de blindar el sur profundo; protegiendo sus ciudadanos, ordenando su territorio, custodiando sus recursos naturales, aumentando los controles y garantizando una mejor calidad de vida a través de un nuevo modelo urbano-económico que pueda rendir los dividendos necesarios, influyendo de una manera u otra tanto el país como la isla completa.
Erick Dorrejo es arquitecto
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