El desborde de la ayuda humanitaria que llega desde distintos puntos de la geografía mundial a la hermana nación haitiana, ha dado lugar a la creación de una ruta de conexión directa con las comunidades afectadas por la catástrofe acaecida semanas atrás.
Este camino o puente global, podemos denominarlo como el corredor transnacional, el mismo se origina en muchas de las naciones que han decidido enviar ayuda haciendo una primera parada en la capital de la República Dominicana, para desde ese punto estratégico continuar su recorrido por tierra a través de seis (6) diferentes provincias, para así llegar a la frontera que divide las dos naciones y hacer su parada final en la capital de la República Haitiana o sus territorios circundantes.
La creación de este corredor transnacional permite el flujo continuo de recursos destinados a la recuperación del pueblo haitiano, incrementando de manera considerable el movimiento de personas y mercancías hacia la zona sur de la frontera.
El dinamismo advertido en estos territorios requiere de controles especiales y de una mayor vigilancia a fin de garantizar la seguridad de las comunidades existentes en el corredor.
Esta situación puede ser aprovechada por el Gobierno dominicano para el beneficio de la región más pobre del país, a través de un plan que ordene el territorio con el fin de modernizar el control fronterizo ubicado en la comunidad de Jimaní, mejorar la infraestructura vial y con ello todo el sistema de transporte tanto de pasajeros como de mercancía, diseñar un sistema de ciudades con nuevas esperanzas para sus habitantes y finalmente mejorar las condiciones de vida de una región olvidada a través de los tiempos.
La tragedia por la que atraviesa el pueblo haitiano debe servirnos de lección para que los gestores de las ciudades dominicanas, puedan producir emplazamientos acorde a la región donde nos encontramos; caracterizada por la presencia de ciclones, huracanes, tormentas y la posibilidad de terremotos devastadores.
Para esto urge la aplicación de instrumentos de planificación territorial y urbana, a fin de organizar la plataforma donde se insertarán las políticas necesarias para un pueblo en necesidad.
Ahora es el tiempo de Haití, pero nunca debemos olvidarnos de las realidades que acompañan nuestra nación, la cuales deben ser revisadas para que los dominicanos podamos vivir en mejores ciudades con el objetivo de cosechar la bendición de una sociedad favorecida con mejores condiciones de vida.
Erick Dorrejo es arquitecto
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