Al iniciar este nuevo año se destapan las protestas, los chismes, los llamados a paros y las exigencias que estuvieron escondidas durante un tiempo, relacionado con la movilidad de pasajeros a nivel nacional.
A escasos años de cumplir medio siglo sumido en una serie de nefastos enfrentamientos, cuyos protagonistas son los principales actores del desorden escenificado en las principales calles; no se ha concretizado una solución definitiva al caos en el sector del transporte público de pasajeros.
En los últimos días se ha escenificado el nuevo capítulo de este bochornoso espectáculo en el que los sectores que controlan la mayor cantidad de unidades de transporte, alzan su voz de protesta por los aumentos de precio de los combustibles, razón por la cual se verán precisados a elevar la tarifa del pasaje y realizar protestas en contra de las medidas tomadas.
Este episodio nos permite puntualizar algunos elementos que servirán para comprender este interesante culebrón.
Se evidencia cómo aún persiste en nuestra nación la idea de que los insultos y las amenazas son la herramienta por excelencia para obtener los propósitos; es decir, que la mejor forma para que su reclamo sea escuchado consiste en amenazar a la autoridad.
Se observa cómo los criterios técnicos son poco valorados en estos momentos de tensión, más bien la tecnicidad podría complicar el escenario, por lo que se utiliza el problema para descalificar a los actores o simplemente apaciguar las aguas por el momento.
La población es la gran perjudicada en este conflicto ya que los intereses de la misma no están representados en la mesa del diálogo y es la sociedad la que se encuentra vapuleada por el desorden que impera en las calles.
Este nuevo capítulo nos reconfirma además que la construcción del Metro de Santo Domingo no es la solución definitiva al caos. Si queremos buscar el camino de la solución definitiva debemos integrar esta importante obra de infraestructura a un sistema de gestión que articule todos los actores alrededor del mismo.
Un sistema liderado por una sola cabeza que dirija el sector público, privado y sindical por caminos de modernidad, eficiencia y progreso.
Esto redundará en beneficio para los usuarios del sistema, para el sector privado, para los sindicatos de transporte, para el gobierno central y para todos los trabajadores que de una forma u otra invierten su vida en un sector tan importante para nuestra nación.
Erick Dorrejo es arquitecto
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