Para nadie es un secreto que la época navideña se caracteriza en términos urbanos por un incremento exponencial de las tareas que se realizan en la ciudad; complicando cualquier tipo de actividad que se quiera realizar, por más rutinaria que sea, debido a este desborde de euforia que se apodera de los ciudadanos.
Solo basta con observar las principales avenidas de nuestras ciudades, las cuales se encuentran sumamente congestionadas producto del incremento de vehículos que se desplazan en esta época, los centros comerciales permanecen abarrotados de personas que buscan desesperadamente sus pascuales u obsequios navideños para sus seres queridos, se realizan festividades, almuerzos, cenas de gala, encuentros, conciertos y desfiles alegóricos a la época de mayor movimiento económico del año.
Ahora bien, todas estas actividades, propias de cualquier parte del mundo, se desarrollan en nuestro país provocando caos en la ciudad y convirtiéndola en un lugar inhóspito para el desenvolvimiento de las actividades cotidianas; ocasionando un elevado grado de estrés en toda la población.
De manera particular, el caso dominicano se ve marcado cada dos años por la fusión de esta época navideña con el arranque promocional de las campañas electorales realizadas por los candidatos a cargos gubernamentales; por tal motivo, las navidades que celebramos cada dos años están matizadas por esa pugna folklórica caracterizada por estos aspirantes.
Es así como esta “bienal navideña” satura a toda la población en las épocas de fin de año que anteceden a los certámenes electorales, marcando el sentido de las navidades y evidenciando el grado de saturación que tiene la población con relación al tema debido a lo extenso de las campañas electorales, lo cual repercute en un costo importante para la economía de la nación y en un deterioro del ánimo de todos los ciudadanos debido a lo prolongado de estos procesos promocionales, los cuales interrumpen hasta las épocas más sublimes del año con el único fin de impulsar una figura ante la población.
En el día de hoy el pueblo dominicano intenta olvidar los problemas y vicisitudes que embriagan nuestra existencia, celebrando estas fiestas en un ambiente de hermandad; es propicio que la clase política dé una tregua en su campaña proselitista para que apartemos estos días de Navidad a la reflexión a nivel familiar e individual sobre el verdadero sentido de esta época, dejando fuera aspectos banales que corrompan el mismo.
Que tengan una Feliz Navidad y que Dios les bendiga grandemente.
Erick Dorrejo es arquitecto
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