En un abrir y cerrar de ojos nuestra ciudad está siendo secuestrada por el desorden que prevalece fruto de la ausencia de una correcta planificación urbana, la cual ponga en ejecución una política efectiva para el disfrute de los espacios públicos.
En sobradas ocasiones la ciudad es intervenida en busca de propiciar una solución inmediata a problemas puntuales, sin embargo la improvisación, y muchas veces la rapidez con que esperamos los remedios, no permite tomar en cuenta otras aristas, desencadenando nuevos inconvenientes alrededor de las soluciones planteadas.
En la capital dominicana el problema de circulación vehicular ha sido un verdadero dolor de cabeza para los responsables de regular el tránsito; muchas recetas se han planteado, pero sin lugar a duda una de las intervenciones más importantes se realizó en la avenida 27 de Febrero con la remodelación de toda la vía ubicada en el Distrito Nacional.
El tramo localizado entre la avenida Leopoldo Navarro y la Plazoleta La Trinitaria se diferencia del resto de la avenida porque en ella encontramos los viaductos más extensos que existan en el país; este viaducto o elevado adiciona cuatro nuevos carriles a la caótica circulación de la avenida, incrementando el número de vehículos que puede desplazarse por el sector, aumentando los niveles de contaminación en la zona y deteriorando de manera considerable todo el espacio que encontramos debajo de los mismos.
Hoy en día el problema de circulación continúa, pues ahora existen más unidades vehiculares que entaponan el elevado y debajo del viaducto la avenida se encuentra colapsada debido al tumulto formado por el desorganizado comercio informal.
Esto convierte este importante espacio de la ciudad en una zona peligrosa, saturada de contaminación, anarquía, confusión y caos; un lugar donde el orden se ausenta, destruyendo el hábitat e imposibilitando el desenvolvimiento normal de las actividades.
Es un vivo ejemplo de cómo la ausencia de autoridad y la falta de planes degrada espacios importantes de la ciudad, ultrajando la calidad de vida, sin importar las consecuencias para los sectores afectados directa o indirectamente.
Esta es una de las tantas zonas a nivel urbano que no posee dolientes; un territorio que deshonra al dominicano, evidenciando el nivel de autoestima de un pueblo que no exige ni demanda y que solo se conforma con subsistir en una ciudad sin atención.
Es momento de prestar atención a la ciudad para que no desaparezca en un abrir y cerrar de ojos.
Erick Dorrejo es arquitecto
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