El Gran Santo Domingo es en la actualidad el territorio urbano con mayor concentración poblacional de todo el país, ocupando más del cuarenta por ciento (40%) de la población nacional.
En este territorio se desarrolla una serie de actividades que la convierten en el centro económico, político y social de mayor importancia en la nación dominicana.
La sede del Gobierno central, las principales instituciones públicas, grandes empresas, las principales industrias, oficinas comerciales, representaciones internacionales, consulados, embajadas, instituciones benéficas, entre otros componentes de la vida nacional, están en ese territorio.
Ante este escenario se observa un gran movimiento en las principales calles y avenidas de este gran territorio; las mismas son copadas por autobuses, vehículos públicos y privados; camiones, motores, bicicletas, triciclos, carretas y personas que día tras día buscan transitar por estas sendas con la finalidad de llegar hasta su destino final.
Este conglomerado afecta día tras día el desenvolvimiento normal de la movilidad en la ciudad, afectando tanto el tránsito rodado como el peatonal; para cualquier dominicano es común desplazarse por cualquier avenida de la ciudad y perder gran parte de nuestro escaso tiempo dentro de cualquier medio motorizado.
Es penoso que esta situación se agrava para la multitud de personas que atraviesan la ciudad a través del transporte público.
Ahora bien, esta tragedia es aun más complicada cuando algún elemento foráneo o externo a la dinámica habitual de la ciudad se inserta distorsionando la fluidez cotidiana.
La fragilidad del ordenamiento urbano de Santo Domingo es el principal causante de esta crisis que vivimos cada vez que en sus calles sucede algún hecho externo a la misma.
Una manifestación, un vehiculo mal estacionado, el cierre de calles, el desvío del transito, el mal funcionamiento de un semáforo o de un agente de la autoridad metropolitana, un animal cruzando por las calles, son algunas de las situaciones que pueden ocurrir en cualquier lugar; afectando notablemente el tránsito fluido de una ciudad saturada por el aumento del parque vehicular debido a la crisis que afecta el servicio de transporte público urbano.
La espantosa fragilidad que arropa la dinámica de movilidad en este territorio compuesto por varias demarcaciones municipales, puede resolverse de manera definitiva con la ejecución de algunos planes dirigidos al fortalecimiento del transporte público urbano y la adecuación del Gran Santo Domingo al disfrute del peatón, dejando atrás la fatídica frase de que en nuestro país “el peatón no es gente”.
Erick Dorrejo es arquitecto
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