El color que están tomando los últimos eventos acontecidos en la República Dominicana debe alertar a la población en la prevención de sucesos aun más graves, en procura de que la actuación temprana pueda conducirnos a soluciones definitivas.
No importa la edad, el estrato social o la creencia, de una manera u otra todos somos tocados por la crisis actual, con un gran contenido de violencia e inseguridad, sumado al agravamiento de problemas recurrentes y la proliferación de nuevas contrariedades que embargan la tranquilidad de la familia dominicana.
Algunos pretenden pensar que todo está bien, se engañan con la idea de que no tenemos problemas, sin embargo, este hecho niega la realidad de los acontecimientos; cuando no enfrentamos las dificultades, estas se agravan con la posibilidad de que lleguen a un lugar peligroso de no retorno.
La historia evidencia que las naciones que han enfrentado las crisis anticipándose a las consecuencias son aquellas que se fortalecen; no se conforman con los tiempos malos, son aquellas que se sobreponen a las circunstancias, a pesar de los problemas se levantan del suelo y construyen bases sólidas para no caer de nuevo.
Las crisis vienen como resultado del mal manejo, sin embargo los errores son de humanos; estos errores nos ayudaran a construir una mejor sociedad si enfrentamos las mismas con sabiduría.
Es importante destacar que Dios permite las crisis para que las mismas produzcan frutos a su tiempo.
Podemos recordar que en un pasaje de las Sagradas Escrituras Dios permitió una crisis en Egipto para que un hombre encarcelado saliera de prisión y salvara al pueblo con su gestión.
Lo importante es reconocer el momento histórico por el que atraviesa nuestra nación, para levantarnos como un solo hombre en contra de los enemigos que oprimen la tranquilidad y el desarrollo de este pueblo.
No es una cuestión de negativismo o positivismo, la realidad en la que nos encontramos demanda una nueva generación que enfrente los problemas con integridad a todos los niveles. Que todos los estratos de la sociedad sean impactados por un cambio de mentalidad que nos motive a trabajar unidos por nuestro país, en lugar de destruirnos como está sucediendo últimamente.
Debemos prepararnos para el cambio; no esperemos a ser testigos de la destrucción de nuestra nación, más bien anticipémonos a la crisis y aportemos al cambio que necesitamos.
Erick Dorrejo es arquitecto
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