Aunque prevalece la percepción de que la sociedad dominicana se ha empantanado y gira de manera incesante en torno a los mismos problemas de antaño, sin que se vislumbren soluciones definitivas, afortunadamente la población ha ido tomando mayor conciencia en torno a sus necesidades y se ha hecho más demandante de soluciones e informaciones apegadas a la realidad.
Si escuchamos a la gente manifestarse en conversaciones privadas y en ambientes públicos constaremos que la población de hoy es más reclamante que la de ayer, lo que significa que los años de vivencia democrática y de libre expresión de las ideas han dejado una huella en la manera de pronunciarnos, que sin embargo se desborda a menudo y se vuelve irrespetuosa e insolente en determinados espacios.
No obstante, hay que valorar el aspecto positivo de lo que acontece, pues nuestra sociedad no es el conglomerado que el caudillo Joaquín Balaguer gobernó durante varias décadas sin rendirle cuentas reales a nadie de su dilatada gestión ni es tampoco parecida a la nación que Rafael L. Trujillo sometió hasta el hartazgo en su prolongado régimen dictatorial de treinta y un años.
Ahora, cuando siguen en boga palabras como apertura, transparencia y consenso, los gobernantes de nuestro tiempo y los aspirantes a serlo, en todos los ámbitos, tienen la obligación de tomar en cuenta las percepciones y juicios de los ciudadanos y de dar una respuesta rápida y coherente a las necesidades colectivas si es que pretenden satisfacer las demandas sociales, resolver problemas y aumentar la estima pública.
El tiempo perdido tiene un alto costo para la nación y para cada uno de sus miembros.
Los años de atraso, de errores e inacción nos están pasando costosas facturas. Como país estamos rezagados y la crisis actual está golpeando duramente a todos los sectores nacionales.
Ha llegado el momento de pasar de las palabras a la acción certera y de mostrar que se puede ser efectivo y eficiente si se ejecutan planes coherentes, que respondan a las necesidades de los grupos sociales y de las comunidades.
En esta época de crisis global, todos los integrantes de nuestra sociedad tenemos que hacer un esfuerzo mayor por ser más asertivos y para no dilapidar tiempo, energía y recursos económicos emprendiendo acciones peregrinas, cuyos efectos serán borrados en el devenir, de manera ineludible.
Emilia Pereyra es periodista y escritora
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