Entre las curiosidades criollas, puede señalarse una de reciente aparición, que con combinación de un paraguas o quizás una sombrilla, el color amarillo, de amplísimo simbolismo, el número natural que se encuentra entre el tres y el cinco, y el distintivo que expresa fracción de 100, es capaz de producir diversas y extrañas reacciones.
La sombrilla, antiguo objeto de la china milenaria, para protegerse del sol, fue artefacto exclusivo de mujeres. El paraguas, de origen europeo, solo había negros entonces, se utiliza para protegerse de la lluvia, hoy con estructuras livianas, retráctiles, de cubierta impermeable y vistosa.
El amarillo, color brillante asociado con el sol y que los místicos relacionan con la felicidad y la alegría, “se vincula con la parte intelectual de la mente y la expresión de nuestros pensamientos y el poder de discernir y discriminar”. Es, además, según los “cromatófilos”: inteligencia, innovación, energía, fortaleza, poder. Tiene su parte negativa y dicen los que interpretan el efecto del color, que “puede aportarle el miedo o temor a ciertas cosas” y que es “el color de la cobardía y del engaño”.
El símbolo del porcentaje, emblema estilizado de 2 ceros, implica “de cada cien”. El 4 es: el signo de lo práctico, la lealtad, la rigidez y la represión, de la creación, de la lucha contra los límites. Es el primer número compuesto, divisible por 1, por 2 y por él mismo. Es también el segundo cuadrado perfecto. Tiene varios prefijos: cuatri, cuadri, tetra. Tradicionalmente son 4 los elementos: agua, tierra, aire y fuego y el cristianismo está lleno de referencias a este número: el Génesis sitúa en el Edén 4 ríos; son 4 los Evangelios canónicos y 4 los evangelistas. En el Apocalipsis se mencionan 4 seres vivientes llenos de ojos, por delante y por detrás y allí mismo se mencionan los 4 jinetes del Apocalipsis.
En el Budismo: 4 nobles verdades y para los chinos es mala suerte porque fonéticamente se pronuncia casi como “muerte”; para los japoneses un regalo de 4 partes es mal presagio.
En Dominicana el símbolo de la coalición que lucha por más fondos para la educación, que en buen dominicano ha logrado “poner en 4” a muchos, consiguió combinar, con recursos mercadológicos simples, pero altamente efectivos, un movimiento ciudadano tenaz y persistente, convencidos de que la educación precisa que la inversión de recursos públicos deber ser el 16% del presupuesto o el 4% del PIB, el que resultara mayor.
El círculo amarillo con la sombrillita y el 4%, produce diversos efectos: reacciones de pánico intolerante en algunos estamentos oficiales, acentuado en lo militar, llegando en ocasiones al ridículo de impedir el acceso a estacionamientos y oficinas públicas por exhibirlo en vehículos y accesorios o condicionarlo a su retiro. Los paraguas amarillos han sido “proscritos peligrosos” por su carácter “sedicioso” al pedir, con elocuente silencio, el cumplimiento de la ley. El Estado debe aportarlo y el Ministerio saber invertirlo.
El autor es empresario
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