En homenaje a un coloso del pensamiento, alquimista de las ideas y la música, asesinado en Guatemala, quizás con el simbolismo de que los grandes Argentinos universales, como Carlos Gardel y él, mueren de manera trágica en el extranjero.
En una peculiar y viva entrevista, realizada a Facundo Cabral por Leonardo Padrón, le extrajo con versos la esencia del poeta itinerante, definiéndolo como “Vagabundo de Primera clase”. “Se les puede reconocer por su manera de hablar, como si la locura y la poesía vivieran en una misma frase. Algunos cargan una guitarra al hombro y patean países enteros con un costal de canciones en los labios. Tienen la mirada perdida, o más bien encontrada, como los profetas.
Ríen, como los sabios, y se hacen preguntas en voz alta, como los grandes humoristas. Son incómodos, por naturaleza. Andariegos, por convicción.
Y sencillos, por la estricta necesidad de ser verdaderos. Algunos tienen hasta cédula de identidad y hay uno, particularmente, que responde al nombre de Facundo Cabral (La Plata, Argentina, 1937). Es argentino, porque la tierra cambia de nombre a cada tanto, pero es universal, porque él cambia de destino a cada minuto.
Dicen que su irreverencia y su honestidad musical no tienen día libre. Dicen que reflexiona en re mayor, que canta en forma de poema, que protesta y cuestiona y acusa y predica y defiende y agita sin descanso.
Muchos resumen a Facundo Cabral en una sola frase, quizás excesiva, quizás solitaria: el juglar del siglo XX. En todo caso, a Facundo Cabral se le notan sus conversaciones con Cristo y Ghandi, sus tertulias con Jorge Luis Borges y Krishnamurti, su sobredosis de poetas y filósofos, sus encuentros con presidentes, multitudes, personajes anónimos del camino o santas como la Madre Teresa de Calcuta.
En los años 60 y 70 fue uno de los grandes emblemas de la canción de protesta. Hoy, el tiempo lo ha convertido en una perseverancia feliz, en una suerte de sacerdote de la guitarra y la palabra, en un cantor imposible de obviar de la historia musical latinoamericana. Es tan sencillo y demoledor como que él, tenía que existir. Los vagabundos de primera clase son seres imprescindibles e irremediables”.
Vivió, en una particular aventura, llena de matices y como el mismo describiera con altibajos de montaña rusa. Mencionaba, entre mil anécdotas, de los hilos que tejieron su increíble caminar en el espacio y en la vida: “Así me fue llevando la gente y un día, a los 22 años, estaba arriba de un escenario y no bajé más”. “Fue en 1970 cuando el nombre de aquel retraído niño comenzó a brillar.
Escribió ‘No soy de aquí, no soy de allá’ y ya nunca se olvidó al cantautor de protesta que ha convertido en música las doctrinas de los poetas, las luchas de los pacifistas y las enseñanzas de los maestros espirituales”. El trágico final de su vida nos priva de su poesía, mientras Henry Fariñas, el controversial amigo de infancia lucha por la propia.
César Nicolás Penson Paulus es empresario
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