En la infancia temprana, a lo largo del proceso educativo, se crean lazos afectivos profundos con los compañeros de clases. Consecuencia de la ingenuidad, sinceridad y transparencia infantil, se manifiestan afinidades y rechazos, que tapizan la memoria profunda, lugares que ubican a amigos de ambos sexos, en un particular rincón de los recuerdos, con atmósferas de alegría sana.
Basta una ligera chispa para potenciar memorias y recrear eventos, que en cascada, nos hacen revivir el ambiente infantil, juvenil, observado entonces con el cristal de experiencias vividas y analizados con reglas de adulto.
Espacios que García Márquez define magistralmente: “cuando era feliz e indocumentado”, refiriéndose a cuando era “yo” y no un número, una matrícula, un título universitario o usuario de un disfraz de ejecutivo o funcionario; antifaces y caretas de la vida, escondiendo la criatura de la infancia lejana que aun vive dentro del envejecido cuerpo, cárcel de esa alma que era libre en los predios juveniles.
El ambiente familiar del niño, y la actitud de los padres hacia la escuela, influyen de manera determinante en su desarrollo personal y educativo.
Los maestros, referentes y modelos primarios son de capital importancia en las fases tempranas del proceso educativo y de tremendo valor en la adolescencia y adultez inicial. Dichosos los que en su ruta escolar han tenido la oportunidad de disfrutar de excelentes ambientes, de dirección excepcional comprometida y futurista, de docencia de calidad, de maestros de materias y de vida, de intelecto al servicio de la enseñanza, de educación integral y bilingüe, de compañeros de ambos sexos considerados “amigos” reales.
Bienaventurados los que logran herramientas para triunfar, como parte de su escolaridad. Cuando el tiempo ha acumulado grandes espacios entre la educación inicial y el hoy, aquilatamos de manera profunda esa telaraña de recuerdos hermosos de la infancia escolar.
Anécdotas que vienen del traspatio de los recuerdos, donde viven a la espera de un encuentro con esos protagonistas del lejano ayer y que deleitan al reconstruir lugares, definir ambientes y volver a la vida sitios y personas. Rasgos de infancia que con el tiempo fueron elementos importantes de la personalidad de cada uno.
Fisonomías de caritas risueñas que decenios más tarde, encontramos sorprendidos, en esos rostros marcados por el paso del tiempo, al compartir un cálido abrazo, con música de memorias vivas y cariños indelebles que el tiempo amarillenta pero no arruga.
Al reencontrarnos con esos que forman ese pasado escolar, compañeros queridos, visualizamos las múltiples circunstancias que nos lanzaron por tan diversos caminos de existencia. Muchísimos otros personajes componen los espacios de vida, pero los que constituyen esa plataforma de recuerdo escolar, son únicos.
Gracias al Altísimo, que nos juntó. A los que por designio divino ya iniciaron el camino hacia el Padre, que el Señor les reserve gloria eterna.
César Nicolás Penson Paulus es empresario
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