Semana Santa que termina. Pascua florida. Pascua Cristiana, con raíces en la Pascua Judía y más atrás en el tiempo, en la fiesta de la inmolación de los corderos y la de los panes ázimos (sin levadura) y del vino de La Alianza.
Celebración movible del calendario antiguo regido por el Sol y la Luna, que tiene lugar el domingo siguiente a la primera luna llena, después del equinoccio de primavera y que siempre cae entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Para muchos, tiempo de reflexión y recogimientos, en viaje al interior de sí mismos; reencuentros con Cristo y su repetida pasión, crucifixión, muerte y resurrección.
Carga de misterios, simbolismos y significados. Explicación del sacrificio de Jesús, cumpliendo la Palabra, las profecías, del esperado Mesías redentor.
Para los del comercio: cuestión de contar, asunto de cifras en sentido de valores y unidades vendidas; balance entre lo invertido en coloridas y abundantes promociones convenciendo a la gente de que era tiempo de gastar, de la imperiosa necesidad de irse de playa, de montaña, a ríos, al campo, al lugar nativo, etc. versus la respuesta que abarrotó comercios en busca de lo “imprescindible” o la indumentaria “apropiada”.
Otros encontraron supermercados saturados de “ofertas”, procurando lo que “no podía faltar” para completar el circuito de excesos.
Fue Semana Santa productiva, para ampliar comercios. Para economistas: potenciación del gasto del consumo personal y efectos en el PIB. Para los de los “operativos”, cuestión de estadísticas, de efectividad de “medidas”, de las campañas, del aparataje en carreteras y balnearios, de prohibiciones y violaciones; lo sensato contra lo temerario: tantos muertos este año contra el número del año anterior; unos por ingesta excesiva de bebidas y otros por conductas alteradas, efectos del traicionero alcohol. Para tantos, recuerdo pálido del 46to aniversario de la Revolución de Abril.
Policías, bomberos, Defensa Civil, Cruz Roja, personal médico y otros multiplicaron el trabajo. En esencia los pocos, con el objeto único de diversión de los muchos.
Para políticos fue: “recomendar recogimiento” y “tregua” y esto porque la gente estuvo en cualquier cosa relacionada con el asueto de la Semana Mayor y no en “campaña”. Espacio para acumular fuerzas y ánimos para seguir en su tránsito folclórico, en busca del poder y que el año que viene, en tiempo de elecciones, no respetarán, con saturadora verborrea de promesas para no cumplir.
Para hoteleros: ocupación. Para transportistas interurbanos fue: “su agosto”, en cifras de pasajeros. Para fabricantes y distribuidores de bebidas alcohólicas: oportunidad de negocios y para los expendedores, ocasión de ventas. Para la gente común fue: transporte, giras, excesos, “beba”; resacas, aventuras, recuerdos, estropeo, diversión, propósitos de enmienda, bailes, remordimientos; fue gozar…. muuuuucho.
César Nicolás Penson Paulus es empresario
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