El Gran Chacumbeles deliraba por Ilona, su muñequita húngara, mientras combinaba intrépidas piruetas en el trapecio y la cuerda floja, con su inseparable perrita, Lolita. A la vez, el negro americano Harry Silver, con el mote artístico de El Frenesí, alternaba actos de circo, con el de “tranquilizador” de entrepiernas femeninas y realizador de secretas fantasías eróticas de damitas blancas de La Habana y calmaba las tórridas urgencias sexuales de la asistente del valeroso artista del aire. Entre fieras, domadores, magos, payasos, fenómenos, enanos y la gran carpa, se tejía la tragedia.
El Chacumbeles, en una de sus temerarias cabriolas con Lolita, en los columpios del aire, pudo observar desde las alturas, como en un rincón escondido de la gran carpa, El Frenesí se tragaba a besos a su amada Ilona, en desenfrenado preludio de otro tórrido encuentro sexual, entre el bien dotado moreno americano y la caliente húngara de piel de porcelana.
El dolor, la rabia y los celos le hicieron perder el equilibrio y cayendo estrepitosamente a tierra, aplastó a Lolita, la que amortiguando la caída de su amo, murió al instante.
El malogrado artista de la cuerda floja se fracturó ambas piernas, una costilla le atravesó un pulmón y sufrió contusiones y golpes diversos en el cuerpo, pero más que nada, heridas irrecuperables en su traicionado corazón y el final de los días de gloria del Gran Chacumbeles. Seis meses permaneció en el hospital y luego pasó al cuidado de tu tía María Belén, terminando cojo y con el alma rota.
El esposo de su tía le diligenció un puesto como policía y ya como el agente Chacón Vélez, en el Parque Central en una trágica madrugada de abril y en medio de una profunda depresión, con su arma de reglamento se quitó la vida.
Ilona se había marchado a París sin pensar que los nazis ocuparían Francia, donde fue hecha prisionera como judía, terminando sus días en el campo de concentración de Bergen Belsen y allí murió. Harry Silver fue a Laurel a visitar a su madre y al parecer le echó el ojo a una blanca, olvidó que no estaba en Cuba, pasó por alto los bárbaros prejuicios de su natal Mississippi y amaneció colgado de un árbol, castrado y con su descomunal naturaleza masculina “atarugada” en la boca, como macabro mensaje del Ku Klux Klan (KKK) para los negros de la región.
La canción, que suprime la S final del nombre, con estribillo que se repite muchas veces, deforma las raíces, causas y personajes de la historia, pero eterniza el nombre y el mensaje, para aquellos cuyos esfuerzos se vuelven contra las motivaciones originales y se expresa: “le pasó como a Chacumbele, que él mismito se mató”. Juan Bosch la reeditó en las alocuciones radiales que le valieron para conquistar la presidencia en 1962, refiriéndose a aquellos que queriendo afectarle, se perjudicaron. Para escuchar la canción: http://www.youtube.com/watch?v=wQkRYA8_9t.
César Nicolás Penson Paulus es empresario
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