14 de febrero, día 45, lunes de la séptima semana del 2011, celebramos San Valentín, día del amor, de la amistad. Fiesta que aunque celebrada desde el 498 d.C., 884 años después, en el 1382, es que un poeta inglés lo asocia con el amor.
Dicen que esta celebración suplantó las Lupercales, festividades de la Roma antigua, dedicadas el 15 de febrero a Fauno Luperco, con figura de lobo. El Amor es difícil de definir y más aún de encasillar, dentro de las limitaciones de las ciencias humanas.
El real es atracción, sentimiento, sinceridad, renuncia, entrega, emociones, inspiración, actitudes, “inclinación del alma hacia otra persona”; es desbordamiento, afinidad entre seres; encontrar en la felicidad del otro, la felicidad propia; preocupación cariñosa; es compartir las tristezas y las alegrías como si fuesen propias; es dar sin esperar.
Los científicos empeñados en nombres, explicaciones y fórmulas, han fracasado en sus ilustraciones biológicas, antropológicas, matemáticas, sicológicas, clínicas, racionales. Solo se acercan los filósofos y poetas, porque lo ven con “ojos del alma”. “Cuando el amor no es locura, no es amor”, sentenció Calderón de la Barca.
Fuente inspiradora de pintores, escribanos, poetas cantores, músicos, que han sabido interpretar los motivos y razones de los pliegues del alma. Amor, materia que nos envuelve desde la primera aspiración del aire vital, cuando es el amor de madre que nos protege, en la etapa desvalida de absoluta dependencia.
Más que nutrientes y elementos de vida es lo que mama el niño, es sobre todo amor vital, incondicional, infinito. El amor no entiende motivos ni razones y todos llevamos marcas de amores profundos y recuerdos imborrables.
“El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”. Lo anterior parecería prosa cualquiera y se trata de la Primera epístola de San Pablo.
Ngo oi ney, te amo en cantonés; Kimi o ai shiteru, en japonés; s’agapó, en griego; I love you, en inglés; Mi aime jou, en creol; je’taime, en francés; y te amo, bálsamo para nuestros oídos.
Hechizos, conjuros, “bebedizos”, pócimas, fetiches, “trabajos”, ruegos, magia, “velones”, oraciones, son solo parte de recursos infinitos para lograr el amor deseado.
A San Antonio, hay que “ponelo” de cabeza hasta que le consiga pareja a la desesperada, extremando su “castigo” al meter en agua el cordón del hábito, “pa’ajogalo”. Otros recurren a lo que la madre África envió con los esclavos forzados: “viní-viní, amansa guapo, arrasa “con’tó”, ruda, “rompe saragüey”, “vente conmigo”… Un brindis con “papi no te vaya” o con “mami no me deje”, completa el cuadro.
César Nicolás Penson Paulus es empresario
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