Hoy, lunes inicial de la primera semana del año, del mes en que comienza su ciclo el 2011 de la era cristiana, Año del Conejo según el calendario chino, comenzamos las faenas de vida, de trabajo, de estudios, de labores cualesquiera o de la simple observación del paso del tiempo, de aquellos en espera del final de su existencia terrena. El año, término proveniente de “anillo” en latín, es una representación basada en la luna y el sol.
Diferentes calendarios han medido el tiempo: el egipcio de 3,000 años antes de Cristo; el de los romanos en que el año iniciaba en marzo, en honor a Marte, dios de la guerra. Los budistas inician el año el 3 de febrero; los tibetanos el 18; el 4709 de los chinos, de inicio variable, arranca celebraciones el 3 de febrero. Otros son: maya, hebreo, persa, azteca y demás, comenzando el año con festivales estacionales ligados a la naturaleza.
El nuestro es el Gregoriano, en honor a Gregorio XIII, Papa que en 1582 ordenó su confección.
Agotado los períodos de la Pascua de Navidad Cristiana y la llegada del Año Nuevo, emprendemos un nuevo ciclo de esperanzas e incertidumbres, adentrándonos al espacio del futuro, caminando de espaldas hacia él, como lo conciben los orientales. Miramos el pasado más reciente de manera brillante y en la penumbra el más remoto, alumbrado por nuestras percepciones y recuerdos.
A ti lector, gracias por dedicar tu atención a esta construcción de ideas tan personal, propia, íntima, mía, que comparto contigo cada lunes y en la que procuro aportar algo sutil y útil. Intento coincidir en las ideas, quimera imposible, provocando la crítica constructiva que ayude a corregir errores y desaciertos, propio de los humanos y sus defectos.
Me esfuerzo en contribuir de la más humilde manera, a acentuar el acervo criollo, convencido de que nuestra peculiar forma pasional de ver la vida y las cosas, conforman lo mejor de la cultura dominicana, donde el extranjero “se aplatana di’una vé”. Magneto de atracción humana que hace nacional el “slogan” de Nagua: “entras si quieres y sales si puedes”.
Hago votos para que en este inicio, encontremos una causa en la que unidos, aunque diversos, construyamos un país con más justicia social, con más oportunidades, donde no haya necesidad de yolas y migraciones para perseguir las que la patria niega.
Esforzados para que las juventudes encuentren futuro con sentido nacional, donde los adultos mejoren su calidad de vida con empleos decorosos y bien remunerados, donde los envejecientes encuentren una madurez digna; donde la salud sea un derecho y no una conquista; donde la justicia sea valedera para todo dominicano; donde la seguridad ciudadana permita disfrutar la libertad que las leyes teóricamente consignan; un país donde la educación y formación profesional de calidad, alcance a cada cual; un espacio donde el espacio sea nuestro, nacional, dominicano, criollo.
César Nicolás Penson Paulus es empresario
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