En la educación dominicana nada será igual después del lunes amarillo y ello porque la identificación y simpatías crecientes, se confunden con expresiones de protestas por diversas causas, de una ciudadanía tradicionalmente indiferente, que delega en “otros”, las acciones de reprobación.
La endémica permisividad ciudadana ha estimulado por décadas acciones reprochables cuya falta de sanción motiva a realizarlas, repetirlas y “mejorarlas”. Se produjo lo que sirve de título a estos artículos, como “la marea amarilla”.
Es notorio el aporte de las juventudes criollas, motorizando acciones y consiguiendo llamar la atención generando sinergia en toda la sociedad, derivando en acciones directas para lograr propósitos, ante temas medulares que interesan a buena parte de la sociedad.
Las organizaciones políticas apenas reaccionan ante este peculiar proceso social y de hacerlo provocarían el rechazo seguro de los organizadores, cuyo propósito no parece ser el de “atajar pa’que otro enlace”. Hay quien cree, externando opiniones de matiz político sin tener esta actividad entre sus profesiones, que sin respaldo y aporte de los partidos políticos, es poco lo que puede esperarse en auxilio de la capitalización de la educación nacional.
Y entiendo que esto es miopía política simple, porque la esencia de estos movimientos es precisamente que se desarrollan, crecen y se desbordan al margen de las organizaciones y partidos políticos.
Insisto que se puede estar de acuerdo o no con la pertinencia de dotar a la administración del actual Ministerio de Educación, con recursos que exceden sus esquemas. Pero en lo que no puede haber disentimiento es en que la educación nacional no puede seguir por la vía que transita desde hace décadas.
Es de medular importancia que el presupuesto no sea afectado por reasignación de partidas, para que los programas a mediano y largo plazo no sufran alternaciones; que su ejecución sea eficiente y que se invierta con criterios gerenciales modernos y eficaces, de prioridades; que se gaste de manera diáfana, transparente, comprobable, mediante concursos donde se seleccione el suplidor de mejor relación calidad-precio, que garantice a quien vende, su pago seguro en el plazo determinado, restaurando la confianza extraviada, cuando el Estado compra.
Estos son causas frecuentes de márgenes y utilidades que deben compensar el financiamiento de plazos eternos, a menos que se entre en la dinámica de “engrasar pa, que el cheque salga”. Estos sobreprecios, producto de “indelicadezas” infinitas, contribuyen a que dependencias oficiales no puedan cumplir cabalmente el papel para el que fueron creadas y dificultan el rol social del Estado.
Se busca constituir grupos de veedores y observadores de la ejecución presupuestaria de organismos vitales para fortalecer las bases de la dominicanidad y la Educación es quizás, la más importante de todas.
César Nicolás Penson Paulus es empresario
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Comentarios (0)