El drama se inicia el 5 de agosto recién pasado en la veta San José, a 45 km de Copiapó, en el norte del árido desierto de Atacama, en Chile, a unos 800 km de su capital, Santiago, y todo ello en las entrañas de la tierra, a cerca de 700 metros de profundidad. 33 hombres quedaron atrapados cuando se derrumbó parte de la mina de oro y cobre en la que laboraban.
El mayor con 63 años y el menor con 19, y entre los dos un arcoíris de edades e historias propias y vidas que se convirtieron en una sola. Durante 17 días en la superficie se buscaron indicios de que estaban con vida, y al confirmarse dio inicio al proceso de rescate más espectacular del mundo minero, colocando a Chile en el centro noticioso y al mundo, en el umbral de la inquietante espera.
El 33 místico de la numerología, considerado uno de los números maestros, el cristianismo indica que fue este el número de milagros de Jesús, y los años que vivió con su ropaje terrenal. Mucho más hay en otras culturas sobre el #33, que destacan creencias, ideas existenciales y fuerzas espirituales incluyendo que representan las cifras a la Estrella de David y el Amen, a mas que el grado máximo de la Masonería.
Dos cucharadas de atún y medio vaso de leche cada 48 horas fue su dieta, durante las primeras semanas que vivieron sumergidos y guiados por el empuje de un liderazgo determinante, en la salud física y emotiva de este conjunto de hombres, inmersos en las profundidades, con temperaturas de 30o centígrados, humedad extrema, sólo alumbrados por los focos de sus cascos y dependientes de la voluntad en la superficie. 32 chilenos y un boliviano, unidos por la adversidad que ocasionó que de cada uno brotara su alma verdadera, dando sentido a la lapidaria frase de Martin Luther King: “Si todo hombre liberara lo mejor de sí”. Acordaron enfrentar juntos el reto por la vida, apoyándose, llenando con esperanzas los huecos que el temor y la duda abrían en sus almas.
El campamento denominado Esperanzas, montado para su rescate, fue mudo testigo de particulares esfuerzos multiplicados, mientras más de 600 metros debajo de sus pies, se manifestaba un aleccionador compañerismo, camaradería esperanzadora, amor por el prójimo, sentimientos solidarios, una ilusión compartida y un liderazgo capaz de enfrentar las mil desconocidas situaciones que matizaron ese drama subterráneo de espera incierta y dramáticos resultados. Millones de dólares, infinidad de lecciones, un presidente y un país que se unen para el rescate y un mundo que se le suma, solidarizándose en la alegría de un final feliz.
Vuelven a la superficie, marcados por 69 días atrapados en los confines de una mina subterránea, con secuelas y cicatrices en el alma, dueños de íntimas situaciones que el tiempo hará aflorar; valorando de manera especial las particularidades propias y dando “gracias a la vida, que me ha dado tanto” como entona el cantor.
César Nicolás Penson Paulus es empresario
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