Varias definiciones enciclopédicas existen del término “Consenso” y entre ellas: “proceso de decisión que busca, no solamente el acuerdo de la mayoría de los participantes, sino también persigue el objetivo de resolver o atenuar las objeciones de la minoría para alcanzar la decisión más satisfactoria.
A la vez consenso significa: a) un acuerdo general, y b) un proceso para alcanzar dicho acuerdo”. Implica acuerdo, decisión por consentimiento o asentimiento.
A partir del reingreso de nuestra sociedad al sistema democrático tras la decapitación de la dictadura de Trujillo, este ha sido un término muy socorrido y utilizado en el largo proceso de democratización de las ideas y construcción de un sistema participativo en el diseño de nuestro destino como nación y como sociedad.
En su nombre también se han cometido imposiciones vergonzantes, para satisfacer intereses particulares o de grupos, en detrimento de otros. En el propio proceso de cimentar consenso se define el objetivo común al tiempo del establecimiento del compromiso de los participantes, pero más que nada el elemento claridad, es el factor primordial en la búsqueda del acuerdo.
El nuevo presidente de la Cámara de Diputados, Abel Martínez, indicó en su toma de posesión el pasado 16 de agosto: “…promover en el marco del pluralismo político y democrático el consenso para impulsar las transformaciones que requiere el país”.
Todo viene a cuento por los aprestos de transformar la Ley General de Sociedades Comerciales y Empresas Individuales de Responsabilidad Limitada (479-08), estamento que da un plazo hasta diciembre para adecuarse a un nuevo esquema societario y que a la vez implica ajustes y gastos a la propia empresa.
Válido el ejercicio democrático de modificar cualquier base jurídica, sobre todo si presenta escollos o situaciones que bien pueden ser cambiadas para hacer más apropiada su aplicación, que quizás pudieron no ser advertidas en su largo proceso de discusión original.
Lo importante es preservar la esencia democrática y el justo valor de las minorías y seguir el mismo proceso de construcción del amplio consenso que se alcanzó, en su discusión original. Muchos sectores también regidos por esa ley, no conocen ni fueron convidados a su proceso de discusión para modificarla.
El Consejo Nacional de Competitividad (CNC) jugó un estelar papel en el diseño y aprobación de la ley, y no se puede descalificar ni marginar.
La extensa base empresarial está compuesta por decenas de sectores que en número, constituyen una amplia mayoría, aunque en capitales pudiera no serla, que deben ser tomadas en cuenta para una modificación tan profunda, que puede significar una visión medularmente distinta, de la base constitutiva y operativa de las empresas nacionales. Para ello, cada aspecto debe ser observado con absoluta claridad y conocimientos de sus aristas y escondrijos más sutiles.
César Nicolás Penson Paulus es empresario
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