Tema recurrente el de Haití y su tragedia, agravada con el dramático sismo del 12 de enero, cargado de historias de terrores personales y colectivos, que lo pone como Estado en condiciones de cuasi imposibilidad de existencia, incapaz de dar servicios y protección a sus ciudadanos en lo más elemental.
Repercusiones profundas tiene esta situación sobre nuestro país, dado que la desesperanza, necesidad, hambre y futuro incierto, empujan al haitiano a desplazarse hacia el este en busca de posible subsistencia. El número de haitianos viviendo en territorio dominicano, casi todos en condiciones de ilegalidad, ocasionan presiones de importancia en lo social y lo económico.
El apremio sobre los servicios de salud, energía, agua potable, seguridad ciudadana, transporte, etc., son compartidos por los dominicanos con una creciente masa de inmigrantes que provienen del país más pobre, iletrado e insalubre de América. Muchas enfermedades erradicadas aquí, son endémicas al traspasar la frontera y esos ciudadanos que emigran, son vectores importantes para su trasmisión.
Si bien nos quejamos de las precariedades del Estado para responder a las demandas generales de los ciudadanos y las particulares de cada población, hay que entender que éstas se hacen más difíciles de satisfacer a medida que crece exponencialmente y de manera súbita, el número de usuarios. Lo más dramático ocurre en los hospitales donde los haitianos ocupan cada vez más espacios, con aportes muy reducidos a las arcas nacionales.
El gobierno dominicano ha firmado un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, el cual se hace más difícil considerando el déficit fiscal, contra los gastos que realiza y frente a este imprevisto desborde humano que agrava las condiciones de la nación. Se precisa censar y dotar de documentos a todos los extranjeros en RD, como forma de cuantificar y proceder a aplicar políticas migratorias y políticas sociales, dada la brutal carga que esa presencia masiva y en aumento, significa para la existencia de los dominicanos.
Nuestro país no tiene capacidad para colocarse a Haití sobre sí misma y su economía se resiente frente al desborde de sus capacidades, porque los que viven de este lado superan con creces la demanda de mano de obra en el agro, la construcción y el "chiripeo".
Competirán de manera feroz por los espacios de trabajo, porque tienen el hambre de la subsistencia. Los cordones de pobreza aumentarán con una creciente carga social que exhibe ya a los desempleados y la enorme cantidad de niños, mujeres e impedidos físicos, actuando como pordioseros en las principales calles. Dos países con idiosincrasia, cultura, idioma y creencias, diametralmente opuestas, que el azar ha mezclado en el territorio de uno, sin que la dimensión y gravedad de la situación sea adecuadamente percibida y enfrentada. La caridad y solidaridad tienen límites.
César Nicolás Penson Paulus es empresario
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