El 12 de enero del 2010 y su fatídica hora local de las 4:53 p.m., están inscritos en el calendario de tragedias de Haití, como terremoto de proporciones extremas, en zona sismológicamente activa con identificadas energías acumuladas. Con epicentro a 15 Km de P. Príncipe y escasa profundidad, desató su poder destructivo sobre estructuras y personas.
En el corazón de los haitianos está marcado como fecha apocalíptica, con inimaginable horror, cuando más de 200,000 perdieron la vida, miles resultaron heridos, casi la totalidad de las construcciones destruidas y el escurridizo futuro se llenó de sombríos presagios, matizado por las oscuras realidades de un presente saturado de desesperanzas.
Nadie será igual después del cataclismo que encontró el país con débil gobierno y sin instituciones.
Indicadores de desarrollo humano expresaban un 80% de su población por debajo de la línea de pobreza y un 54% en condiciones de pobreza extrema. Ahora con más de 1 millón de damnificados, que como fantasmas malviven en carpas plásticas, donde el reto es subsistir y donde los más vulnerables, niños de ambos sexos, mujeres y desvalidos, sufren los horrores de la explotación de sus tragedias y condiciones personales a manos de impunes bajezas humanas. Se precisa mucho más que ayuda humanitaria.
Hay que buscar dentro de la historia, las lecturas que expliquen el destino de la colonia más “rica” de Francia, país que basándose en la esclavitud, hizo posible la trasmutación de miles de seres humanos, desarraigados de su África de procedencia y trasplantados al trópico caribeño, trasformados en bestias productivas bajo un colonato de condiciones infrahumanas.
La independencia haitiana trajo el temor del contagio de los esclavos americanos y Francia exigió a Haití 90 millones de francos oro, para reconocerlo como país independiente, para “compensar” a los colonos franceses que perdieron sus propiedades. A casi ocho meses de la tragedia, que rememora otro terremoto de 1770 que también destruyó Puerto Príncipe, queda clara la oscuridad de la ayuda de las naciones poderosas del mundo.
20 millones de metros cúbicos de escombros por recoger, el fracaso de la imposición de esquemas políticos de países con estructuras que hacen posible la democracia, divorciados de las realidades haitianas y en espera de un desenlace eleccionario en una población que no puede más que subsistir.
En un país que necesita ser construido bajo bases diferentes, se repiten errores del pasado con recetas que excluyen la gente y la propia realidad que, aun antes del sismo, enfrentaba carencias de los elementos de un estado viable.
La mayor responsabilidad histórica corresponde a Francia que debiera liderar la refundación del nuevo Estado haitiano. Hay que hacer, más que diagnosticar y planificar, porque los haitianos saben de donde vienen, pero desconocen hacia donde van.
César Nicolás Penson Paulus es empresario
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