Como axioma de la manufactura de productos, se dice que no es posible ser competitivo dentro de un país que no lo es y donde la ineficiencia es norma.
Los americanos en su intervención armada del ‘1916, nos dejaron de “regalo” un arancel de Aduanas que favorecía las importaciones y castigaba la producción local.
Por más de 50 años, se propició bajo este esquema, un sistema de desincentivos a la exportación y una cultura anti exportadora, salvo en el caso del azúcar, de interés particular para Trujillo quien supo aprovecharla como factor generador de divisas y como elemento político.
Como correctivo surgió la ley de Incentivo y Fomento industrial 299, creadora de la amplia base industrial de la pequeña y mediana industria y multiplicadora de empleos, factor fundamental para disminuir la endémica pobreza. Los detractores de esa ley, la enfrentaron bajo el sofisma del irreal “sacrificio fiscal”.
Ha faltado visión para entender las formas de procurar monedas duras al margen de las Zonas Francas, modelo agotado, basado en bajos salarios y en el turismo, “buque insignia” de la economía dominicana que vive bajo constantes amenazas y sobre la frágil base de la estabilidad y paz local, elementos contra las que conspira constantemente la folclórica oposición política criolla.
Abrimos nuestro mercado nacional con increíble celeridad, mientras adecuamos el aparato productivo criollo a velocidad negativa o creando paralelamente escollos que dan al traste con muchas empresas de estructuras y productos capaces de venderse en el exterior, forzándolas a ser ineficientes en un mercado universal, brutalmente competido.
La inseguridad jurídica no radica sólo en la “variada” interpretación de las leyes, si no en que se crean bases incentivadoras y antes de madurar son modificadas, destruyendo la confianza en la plataforma creada y arrastra al fracaso a hermosas aventuras industriales y comerciales.
Recordemos la ley de la Agroindustria 409. Algunas cifran ilustran la situación real de la posición del sector manufacturero local al margen de la visión de crear espejismos impositivos, visión fiscalista de algunos tecnócratas, sin comprender los efectos negativos en la economía real, lejos de ejercicios académicos de laboratorio.
Casi una cuarta parte de los empleos, ha perdido ese sector en los últimos 10 años y el DR_CAFTA, ensueño que nos vendieron como remedio para todos los problemas nacionales, trae aparejado el desbalance de que por cada dólar que vendemos compramos 4 a esos mismos países.
Se sataniza la ley de Competitividad e Innovación industrial bajo el sofisma de los impuestos como incentivos, con una perversa mentira de la “exención”, cuando lo real es que impuestos que deben pagarse en el inicio de la cadena productiva, se pagan cuando el producto es vendido, diferimiento con positivos resultados.
Lejos de privilegios constituyen un estímulo para la creación de una cultura exportadora hacia mercados con reales posibilidades de competir.
César Nicolás Penson Pauluses empresario
Comentarios (1)
Como usted habla de modelo agotado ZF donde este sector es el responsable del 70 por ciento de lasexportacione s nacionales.?. Usted ve las cifras de balanza comercial y el deterioro del empleo formal?
Donde usted vive ? O es que perdio la perspectiva y la problematica nacional???