Semáforos inteligentes que han embrutecido; un descontrolado centro de control que maneja un decrépito sistema de semáforos caprichosos y personal más dedicado a “operativos” que a hacer fluido un movimiento que atenta contra el tiempo y la eficiencia colectiva. Una Oficina Técnica del Transporte que adolece de control y respeto de lo que se supone regule.
Rutas “vendidas” y “administradas” en un confuso sistema “privatizado” donde los valores que debieran ser arbitrios para beneficio colectivo, engrosan bolsillos privados.
Gremios como arietes políticos para los intereses de determinados grupos, y “rufianes” que responden a manejos de poder, atentando contra propiedades y vidas. Refresquemos el doloroso terrorismo contra una guagua “pirata”, con espantoso cocktail Molotov que quemó hasta desfigurar, a una inocente madre, víctima de esa violencia “sindical”.
Con argumentos esto no cambia, porque ante “conquistas” y “derechos” de unos pocos sobre espacios y ciudadanos, se precisa de una fuerza que la retórica no tiene.
Hay que enfrentar a estos desaprensivos que pretenden dirigir al país a su antojo e intereses particulares en cultura heredada de gobiernos al que le doblaron el brazo o se dejaron utilizar en provechoso juego de dádivas, concesiones, “exoneraciones” o entrega de “parcelas” de poder.
Motoconchistas, choferes de concho, taxistas, camioneros y conductores que imponen el “orden” de las no reglas, que crecen ante la permisividad oficial y la indiferencia ciudadana. Intersecciones saturadas de vendedores ambulantes que mercadean cualquier cosa y añaden lentitud y perturbación al desplazamiento; espacios vitales convertidos en bases y estacionamientos de concho y taxis; tránsito nocturno con leyes propias y sin agentes que controlen.
Tres artículos precedentes son una radiografía, salpicada de gotas de humor pero absolutamente realistas, del drama transporte.
Tiempo de corregir entuertos que apuntan a hacerse incontrolables y en esa ruta es oportuno apoyar a quien asume el difícil papel de verdugo del desorden e intenta poner dentro de normas de convivencia, a un sector que se destaca por agredir a la propia ciudadanía que dice servir.
Ante nuevos esquemas es necesario un apoyo ciudadano y gubernamental que antes no se precisaba, cuando bastaba el autoritarismo al que los “derechos humanos” no neutralizaba. Sanz Jiminián, el hoy jefe de Amet, se destacó como jefe de la PN, por disminuir las violaciones a semáforos y reducir el ruido invasivo y perturbador de sistemas de sonido, cuando los códigos favorecían al ciudadano y no al delincuente.
El ordenamiento del tránsito con el necesario rescate de la autoridad justa y cortés, pero firme, son elementos suficientes para aquilatar una debida reorientación de la Amet con concentración en lo preventivo y no en “operativos”, en rescate de su valoración ciudadana. Muchos creen que esto no es posible. ¡Yo, apuesto a él…!
César Nicolás Penson Paulus es empresario
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