Voladoras y minibuses, pescadores de pasajeros en el “mar” de necesidades de transporte, son “contribuyentes mayores” a este caos sobre ruedas. Con el brazo que bate como ala premonitoria, el “pícher” interpreta la intención de maniobra temeraria del agresivo conductor, que “atesta” a cualquiera con su acorazado sobre ruedas, “forrado” de tubos.
El camión, con figura de dinosaurio rodante y humo negro de dragón “encojo….” Que nada lo detiene, al tiempo que suena una corneta de estridencia apocalíptica acompasada con el corazón del agredido, que late como tambor desbocado.
“Patanas” y contenedores, veloces y escandalosos gigantes motorizados, como enormes plátanos en el “sancocho” del transporte. Mérito separado en la “fauna choferil”, el del glorificado taxista, cuya prisa por cumplir justifica la temeridad del atropellante artefacto con radio comunicación.
Invaden vías de sentido ajeno, doblan donde no pueden y siguen derecho donde corresponde girar, con veloces malabares en permanente competencia con el reloj, con desparpajo y prisa, contando con que el “otro” preferirá parar. Sobrepasan filas logrando “preferencias” para no obstaculizar el flujo y en imprudentes acrobacias urbanas, meten medio cuerpo, contando con el freno ajeno.
La cotidiana estampa de la saturación vehicular en desordenadas filas con conductores temerarios complica el movimiento ante la mirada indiferente, cuando hay, del agente que desaparece con el sol.
Puentes peatonales sin uso, en ocasiones con razón, evitando atracos a cualquier hora en franco reto a la autoridad y a la reacción de una ciudadanía que se “jarta” de la desprotección. Peatones que ocupan temerariamente un carril, en la desesperante espera del “divino concho”, decrépita solución para llegar.
Institucionalidad invertida, con varios organismos pretendiendo dirigir, separadamente, los asuntos de tránsito. Diciembre es el mes donde más muertes se registran: 191, en el 2009, la mayoría en sábados y las 4 de la tarde, la hora más frecuente.
Los colores más usados en los automóviles son el azul y el gris con un 17% cada uno, seguidos del blanco y rojo, con valores cercanos a los primeros. En autobuses el blanco prima con un lejano 37%.
La desconfianza, signo zodiacal de los semáforos, tricolor invento de control universal, que precisa respeto para su eficiente uso. Colores sin significado en un colectivo y alocado daltonismo que asigna interpretaciones variables. Peligrosas “comidas” de un rojo que parece decir: viólame; prisas que genera el amarillo antes que “me agarre” y verde que dispara el dedo para bocinazos al conductor delantero que ya inicia su movimiento, a la vez que ordena correr aunque se haya “madurado”. Confusión policromática que acomodaticiamente cambia la percepción dominicana en nuestro vernáculo desplazamiento en las folclóricas calles criollas.
César Nicolás Penson Paulus es empresario
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