Con preocupación hemos vivido la reacción de los perdedores de la recién transcurrida contienda electoral. Torneo democrático muy bien montado, con logística oportuna y participación de mucha gente que dio su tiempo, en toda la geografía nacional, para administrar las mesas electorales, en sano aporte a la democracia local.
Una Junta Central Electoral que manejó a los partidos participantes, aplicando la ley, en sano control de las pasiones desbordadas, el antídoto a la cultura de que en tiempos de elecciones “todo se puede” y más que nada los casi 3 millones de ciudadanos que concurrieron al llamado, para contar sus voluntades electivas y su escogencia para delegar en unos pocos, la capacidad de decisión en nombre de muchos.
Ese es el sistema que escogimos para que sea administrado el Estado y seleccionamos, de entre un diverso menú, a los representantes a las dos cámaras legislativas y encargados del manejo municipal, a más de otras nuevas figuras en el escenario electivo criollo.
Es dable que expresemos el fracaso propio con conocidas culpabilidades ajenas, desviando toda responsabilidad hacia “otros”, lo que en algunas culturas hubiera provocado renuncias y suicidios, por el profundo concepto del honor, que cultivan. El “fuite’tu….tu’fuite” es parte del folclor político y filosofía de vida cotidiana.
En nuestra nación ha existido una larga cultura y tradición del fraude, desde los tiempos de Concho Primo, lo que hace que las “denuncias” tengan un ambiente favorable para crecer. Aquí nunca nadie pierde, sino que “le roban” el triunfo.
La JCE montó un evento que garantizó representar la genuina voluntad de los votantes, cual fuera, con marcada transparencia y viabilizando reclamos, que la propia ley define en las formas. Lo preocupante es el llamado al “pueblo” a “tirarse” a las calles; la clasificación de “fraude colosal” al fracaso mayúsculo de las estrategias de mercadeo y posicionamiento y el rechazo mayoritario popular; el que el país “cogerá fuego por los 4 costados”; la amenaza de “ingobernabilidad”; la “denuncia” ante organismos multinacionales y un programa de “hackers” para subvertir el “escaneo” de actas.
Se procura pintar al exterior, un panorama apocalíptico, de confrontaciones mayúsculas recurriendo a argucias de un lejano pasado político, correspondiente a otros momentos históricos cuando. Verdaderos rugidos de dinosaurio o expresiones variadas del “derecho al pataleo” o queriendo reeditar el “fallo histórico”.
No se entiende el grave daño que se le infiere a la nación, aprovechado por los que compiten con nuestro país, en el mundo exterior. Esto, mientras el presidente Fernández se esfuerza por resaltar las conveniencias locales para inversionistas y por “vender” el país en toda Europa, incluyendo al Papa.
César Nicolás Penson Paulus es empresario
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