Retaliación es equivalente a venganza, desquite, represalia, revancha palabra empleada sobre todo en el lenguaje jurídico, político y periodístico.
Remitiéndonos a nuestra convulsa historia tras el ajusticiamiento de Trujillo, lógico es suponer que un pueblo reprimido, engañado y más que nada confundido por la ceguera obligada de 31 años de férrea dictadura, tuviera ansias de libertad, del ejercicio democrático y de ver sancionados personajes y actitudes que le oprimieron.
La sucesión de eventos políticos y cívicos matizan la vida dominicana de los años 60tas, como si la contención obligada de los tiempos trujillistas se desbordara de manera atropellada en esos espacios de definición del destino nacional.
El gobierno del 2do Triunvirato en la República, el primero en 1866 tras el derrocamiento de Báez después de la Restauración, se caracterizó por las contradicciones, la corrupción abierta y tolerada, el contrabando por militares, las protestas sociales, el desorden administrativo, el asesinato de los jóvenes del levantamiento de Las Manaclas.
Había ansias de terminar con una dictadura que permanecía viva en los estamentos de poder. Estaban abiertas las heridas causadas por el aborto del primer gobierno democrático después del 30 de mayo del ajusticiamiento y los resentimientos por la pérdida de la Constitución más liberal que los dominicanos de entonces habían soñado.
Los militares constitucionalistas que mantuvieron viva la idea de restaurar el gobierno de Juan Bosch, derrocando al gobierno del Triunvirato de dos, se rebelaron frente a un orden jerárquico corrupto y comprometido, violentando la obediencia ciega y contra el orden de la “orden superior”, aunque fuese contra el propio pueblo del que formaban parte.
Conspiraron para romper, con esquemas heredados de la dictadura trujillista y frente a las consecuencias, actuaron con conciencia superior impulsando una lucha que se convirtió en fratricida, donde por consecuencia de la 2da intervención militar, esta vez en desproporcionada abundancia de tropas y utilizándonos para justificar hombres hacia Vietnam, provocaron un final en el que no hubo ni vencidos ni vencedores.
Leonel Fernández reivindica a 360 soldados de las diferentes ramas de las Fuerzas Armadas y de la Policía, en acción de reparación moral y de historia, de combatientes que sufrieron por décadas la retaliación, la venganza, de los institutos castrenses.
Actores directos de la Revolución del ’65, reenganchados, ascendidos y retirados. Nada les devolverá la frustración vivida, ni las vejaciones y maltratos que matizaron la vida de tantos por tanto tiempo pero al menos viven con el corazón en equilibrio con su conciencia, frente a la sociedad que defendieron entonces, con armas con su honor y su futuro.
César Nicolás Penson Paulus es empresario
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