Se caracteriza la vida nacional, por la dificultad para vivirla en el sentido documental. Los hacedores de leyes y reglamentos, a lo largo de la vida republicana, han incluido en cada trámite, pruebas oficiales, certificados, constancias, sellos, formularios, etc., que el criollo generaliza diciendo “lo papele”.
Estas diligencias, término que en el diccionario significa, entre otras acepciones: “trámite administrativo para lograr un fin”, se convierten en una larga, engorrosa y gelatinosa procesión con fines civiles, similar al viejo ceremonial de “visitar los monumentos”.
“Tiene que traer un certificado médico, papel de buena conducta, acta de nacimiento certificada, 3 fotos 2 x 2, un acta notarial que hay que llevar a la Procuraduría a certificar (volver a pagar), llenar el formulario, acompañarlo de sellos de 200 pesos y una carta dirigida al Director.
Sáquele 3 copias a cada documento y espere 30 días laborables”.
Esta repetida letanía es respuesta obligada a cada intención ciudadana de trámite alguno. “Nosebasapodel”, parece decir la expresión extraviada e indiferente de la persona, casi siempre mujer, situada detrás de un vidrio con agujero redondo a altura que la boca no alcanza y ranura inferior que obliga a tomar dimensión de enano para ser escuchado.
Resignación ante la frustrante montaña de obstáculos, de colores patrios, que caracterizan el trámite criollo. Sellos exigidos, sin venta oficial, que de manera misteriosa y no oficiosa, alguien vende a escandaloso sobreprecio.
“Te creo dificultades para venderte facilidades”, máxima que se siente en las costillas cuando surge un individuo con cara y actitud de “saltafilas” y solucionador omnipotente, ofreciendo servicios Alka Seltzer, de acción instantánea.
A la pregunta clásica ¿y cuánto me va a cotá eso?, respuestas diversas del folclore del buscón: un peligroso “no se apure dótol, uté me da lo que quiera” o “lisensiado e que ai que boroneá mucho y mojá a lo que sellan”. En un cantar de gallo aparece con el documento solicitado cuyo trámite oficial obliga a semanas de espera.
Instituciones de rígidos funcionarios que la “cogioca” flexibiliza; de archivos infinitos con gavetas elásticas e insatisfechas capacidades de originales y múltiples copias.
El proceso computarizado añade aspectos digitales al trámite, “no ai sitema”, te grita uno para justificar la endémica inacción oficial. “Vuerbe el marte, a vel que ai”, dice la atractiva joven con sonrisa incapaz.
Vía crucis del criollo que procura cumplir con exigencias oficiales para satisfacer la avidez burocrática de absurdos documentos, como el acta de nacimiento con validez por 30 días, como si algo cambiara después de ese plazo. Herencia castiza que el computador no desarraiga y la incapacidad creativa del legislador, complica para beneficio de una abundante burocracia.
César Nicolás Penson Paulus es empresario
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