L a pasada semana inició con titulares de prensa que daban cuenta de otro horripilante hecho, con protagonistas adolescentes o adultos de muy temprana edad.
Un grupo, esta vez de 7 sujetos, 5 menores, entre ellos 2 niñas y otros dos adultos de 18 y 20 años respectivamente y 3 posibles prófugos, unidos en sádica orgía, torturas, sexo y quizás drogas. La víctima, un taxista que por razones milagrosas salvó la vida a pesar de la cruel pesadilla sufrida, pudo identificar a los autores del sangriento hecho.
Lo frecuente de la situación de delitos que envuelven adolescentes y la brutalidad exhibida, rebosa los límites del asombro y preocupación de una sociedad enferma, que consternada, busca razones para esta violencia sin razón y explicaciones de lo que la razón no comprende.
Es curioso que con tanta frecuencia, sean conductores de taxis el objeto de estos maleantes sin cédula, a pesar de que el producto económico sea menor.
Lógico es suponer que el motivo esencial es el dolor perverso, el daño infringido, el sufrimiento profundo y la sangre abundante, lo que impulsa a estos engendros malvados.
En otros países serían juzgados como adultos. Hay abundante experiencia macabra con estos comportamientos, que incluyen mutilación y torturas con ácido.
Mil teorías inundan los medios de comunicación, algunas responsabilizando a la sociedad por las condiciones de marginación, bajo nivel educativo, pobreza, oportunidades y otros argumentos. Unos de los mayores exponentes modernos de la maldad y el dolor humano, el nazi Josef Mengele, era doctor en Antropología y en Medicina. Nada que ver con la falta de educación. El crimen del niño Llenas Aybar, nunca completamente aclarado y de encubiertas complicidades, fue de educados de nivel económico superior.
El Código del Menor, estamento jurídico concebido para una sociedad que no es la dominicana, establece que la privación de libertad es de carácter “excepcional” y prescribe penas por asesinato, de 1 a 3 años, si el adolescente tiene ente 13 y 15 años y de 1 a 5 años, si tiene entre 16 y 18. La coerción, de 30 días, mientras que a los adultos 1 año.
La investigación declarada, de “máxima prioridad” y los procesos, acelerados, para que permanezcan el menor tiempo recluidos. Lo benigno y cómo acomoda al menor delincuente, no amedrenta, no disuade ni asusta por la blandura sancionadora. La falsedad de la edad es recurso común entre peloteros y delincuentes y se desconfía de la partida de nacimiento, documento que el Código establece como “instrumento válido”.
O esto cambia o veremos combatir el terror adolecente con el horror adulto.
César Nicolás Penson Paulus es empresario
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