Definida hasta el infinito por las escuelas de pensamiento; motor de acciones sociales de virulenta violencia; impulsora de rebeldías esenciales, con infinidad de vidas en su haber; médula de todos los cánones vitales de los pueblos de esencia democrática; muy presente en nuestra nueva Constitución: La Libertad.
De palabra, tránsito, asociación, empresa, conciencia y de cultos, propiedad, de expresión, entre más.
“Facultad del ser humano que le permite decidir llevar a cabo o no una determinada acción según su inteligencia o voluntad”, dice el diccionario en una de sus mil maneras; apreciada solo cuando se pierde.
Al coartarla, despierta el germen de la rebeldía innata, esencial, impulsora de acciones de dimensiones heroicas que sacuden instintos ancestrales, desconocidos pero latentes.
Aun en los sistemas democráticos existen manifestaciones personales de poder, de individuos que confunden roles, que tienden a coartar derechos fundamentales de aquellos bajo su mando o a los que presumen sometidos a su dirección y control.
La libertad define a quien no es esclavo, ni sujeto obligado al deseo de otros de manera coercitiva, derechos acompañados de obligaciones y deberes, siendo el individuo responsable de sus actos.
Entre taínos y caribes, Caonabo fue el primer rebelde de los nacientes territorios de la América virgen, cuando en nombre de los lejanos reyes europeos y un desconocido cristianismo, tras un choque de mundos, llegaron a su fin la libertad de siempre, el orden y culturas autóctonas.
Enriquillo se enrutó hacia las montañas, en clara protesta por las injusticias, el atropello y la condición de bestias a que los españoles del 1492 sometieron a nuestros pobladores originales.
Lemba fue un negro martirizado cuando se hizo liberto; lo mismo Diego de Ocampo y muchos otros mártires desconocidos de esa oscura etapa de nuestra historia civilizada. Miles de reacciones contra el intento de acallar conciencias, de atropellos a la libertad en los siglos antes que los Duartistas lograran la libertad nacional, proclamando la República, libre, soberana.
Mucho conocemos de la edad moderna y los actos heroicos de los dominicanos luchando por la libertad donde gobiernos despóticos, dictaduras represivas, países ajenos, no consiguieron apagar la llama libertaria de criollos, aun a costa de la vida.
Olivorio Mateo, Enrique Blanco, las Mirabal, Manolo, son íconos de libertad y martirio, junto a tantos. Pobre de los que en nombre de intereses confundidos, actuando en favor político o investidos de poderes fácticos, pretenden acallar opiniones, criterios, ideas e intenten doblar voluntades y conciencias, censurar artículos de opinión, con sutiles directrices, en este tiempo democrático, porque conocerán los demonios de la sangre inquieta del dominicano.
César Nicolás Penson Paulus es empresario
Comentarios (2)
Nos gozamos en gran manera de poder contar de nuevo con su interesante y especial estilo.
Fieles lectoras,
Evelyn Marte y Elvis Faggión