Los tres que como “sánguche” humano, se “aperruchan” sobre un lastimoso motor, que hace gárgaras de sonido, con “mófler” como ametralladora y blanca estela de humo, escupiendo aceite “quemao”. Otro, que con “bacinilla” invertida de inútil función, sustituye el casco que debiera protegerle la “mamerria”.
Pitos de un Amet, especie diurna de la fauna del tránsito, que sustituye a un semáforo que funciona bien, afanado por la fluidez, mientras ignora a los motoristas que no hacen caso de sus enérgicos movimientos de araña con gafas oscuras.
Sin valor para amonestar a los conductores de los mal llamados “sindicatos”, coto privado de propietarios de rutas y “dueños” del país.
El del carro público, recostado de una puerta de color distinto a la del resto del artefacto que conduce, sostenida por una varilla con ingenioso doblez en forma de “U”, quien impermeable a lo que le rodea, eleva un dedo al cielo en señal, que en el código del transporte significa: voy derecho.
Gesticula, aletea, arroja improperios, cobra, comenta, atiende el celular, se seca el sudor con la “lanilla” roja multiuso, busca menudo, al tiempo que conduce su asmático “vehículo”, que con amenazante destreza cubre la “ruta”, seccionada a conveniencia para el cobro multiplicado.
Transeúntes, que en desenfrenada carrera luchan con obstáculos diversos: alcantarillas sin tapas, pilas de piedras o arena, basura diversa, en su frenético afán por avanzar, mientras sufren las embestidas de dragones rodantes de ruidoso transcurrir, con la consigan de que “el peatón no’e gente”.
Mosaico de negocios que sin perturbación, interrumpen aceras e invaden el asfalto, llenando de olor a fritanga, salami y “yaniqueques” en vitrinas, mientras el caldero hierve delante de un tanquecito de gas, veterano de salpicaduras de todos los aceites y sazones.
Marea de vendedores que sortea vehículos para ofrecer variada mercancía, en la obligada parada frente a un semáforo que en cuenta regresiva, prepara para loca carrera, con frenético bocinazo al primer asomo del “verde”.
“Mercadólogos” de esquinas de prisas, de amplio abanico comercial: forros y cargadores de celulares de negros alambres y multicolores figuritas; semillas de cajuil en varias “versiones”, tarjetas para celulares en despliegue de cachuchas con orejas y chalecos de color naranja, rojiblanco o verde; guayabas gigantes “ordenaditas” en caja al hombro; frutas de estación en fundas o “expuestas”; par de cachorritos peludos; periódicos, peces, pájaros, agua fría, “esquimalitos”; haitianas con su carga de infantes siempre dormidos; limosneros de toda pinta, ciegos, “tullidos”, y el que con sobrada puntería lanza la “esponja” húmeda, como volador preludio del servicio de limpiavidrios.
César Nicolás Penson Paulus es empresario
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